lunes, 9 de marzo de 2020

19-N



Un año más, cientos de miles de personas se manifiestan en las calles de las principales ciudades españolas como protesta por la lucha de los derechos de los hombres.  Entre la multitud se ven diferentes pancartas reivindicativas y se escuchan conversaciones de los manifestantes:

Llevamos toda la vida dominados por una sociedad matriarcal, dice Antonio, un hombre en paro que solo puede aspirar a puestos medios ya que los cargos de directivos y responsables son destinados a mujeres.

¡Y los salarios!, se escucha decir a Andrés, un joven camarero, cobramos una 15% menos en los mismos puestos de trabajo.

¿Y qué me dices del lenguaje?, dice Manuel, un estudiante de enfermería de veintiún años, ya está bien de que lo genérico sea lo femenino. Ya está bien de referirse con “mujeres” a toda la población. Y de decir “señoras diputadas” en el Congreso cuando hay hombres presentes también.

“El sitio del hombre no es la cocina, es la resistencia”, se lee en una pancarta de letras moradas.

“La verdadera epidemia  no es el coronavirus, es el matriarcado”, dice otra.

Ni yo ni mi padre pudimos acceder a una educación, dice Evaristo, un anciano de noventa años. Entonces, solo las mujeres podían estudiar.

“Un hombre bello no es solo un cuerpo”, se lee en una pancarta sujetada por Luis y Juan, dos hombres obesos con el torso desnudo.

“No me llamo guapo ni nene”, dice otra.

Me parece una vergüenza que llevemos toda la vida en la cocina y ahora sean las mujeres las chefs, dice Enrique, ayudante de cocina de un restaurante con dos estrellas Michelín.

Mi mujer dice que para cuándo un Día de la mujer. Yo le digo que para el día en que sean discriminadas como nosotros.

La mía me dice que en el fondo  a los hombres nos gustan las mujeres malotas, las que nos llevan rectos.

Anoche, dice Francisco, un hombre soltero de cuarenta años, estaba con mis amigos en una discoteca y entró el típico grupo de tías borrachas que solo buscan ligar. No nos dejaron tranquilos. La mujer que estaba de seguridad lo vio todo y no hizo nada. Fui a hablar con la dueña de la discoteca y me dijo que solo querían divertirse. Me llamó histérico..

Pero mira, dice otro, al menos no nos pueden violar, porque no se nos levanta si no nos excitamos. Imagina que fuera al revés, ¡qué horror!



FIN

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