Manos manuscritas
Dándole al manubrio abrí la puerta
de lo inconcebible, os cuento esto tal como me lo contaron de primera mano
aunque quijoteando entre suspiros mancos
de ti. No le sirvió de nada ser un manitas, nunca debió dedicarse a la cirugía tal manazas.
Siempre he pensado que valoramos aquello en lo
que menos capacitados estamos, valoramos cualquier reconocimiento ajeno, maniatados
por objetivos que no están en nuestra mano, perseveramos nadando
contracorriente en un mar de inutilidad.
Apenas unas manos de pintura
cubrían el daltonismo emergente en una paleta de cromatismo inesperado. Sinembargo
una inusitada palmadita en la espalda me expresaba que yo tenía buena mano para
la pintura. Una vez ví a un relojero de
gordos dedos pellizcando las horas sin que el tiempo pasara para él.
¿Acaso las rudas no pueden
acariciar mientras raspan?
Plegadas por la edad mantienen su
tacto con los nietos.
Embarradas como en Ghost se deslizan en la
humedad para dar forma a un amor.
Hay quien cree poder leer entre líneas,
si aun fueran sordos te lo dirían todo.
Se alzan ante un atraco, una votación, o para
alcanzar un deseo, empuñan el dolor y
abofetean la ira. Rezan juntas ante
otras antaño perforadas. Miden la cocina entre pellizcos y puñados para que nos chupemos los
dedos.
Pero lo que más me alegra es su chasquido
rítmico, su plausible golpeteo bate- corazones, pam, pam, pam, tiqui tan pam
pam, pequeño silencio, aplauso colectivo.
En la nieve las oculto, no aguanto
el frío, en las fiestas las revisto de manicura de gala.
Son investigadoras empedernidas, Ya
sea en la nariz, en la oreja o cualquier agujero. Han penetrado en cuevas solo
guiadas por el tacto. Son atrevidas, tocan el agua fría, la ardiente plancha,
y todo aquello que esté de rechupete. A veces, con sorpresa, consiguen arrugar
la nariz aproximando un dedo maloliente.
Son colaborativas, trabajan en
equipo y mano a mano, siempre estrechan relaciones, y dan un ok de conformidad para echar una mano.
Son la causa del increscendo de la
orquesta e indican a quien le atañe musicar.
Dibujan florituras en un aire
gestual aflamencado. repleto de faralais.
Levantó la palma derecha. ¡Alto! ¿Dónde
vas? La abanicó esperando respuesta. El
corazón se lo llevó a los labios. “Allí ”
Siguió la mirada aquel índice a lo Caravaggio. “No puede pasar” dijo haciendo
el parabrisas.” Por favor” entrelazó los dedos en rogativa. “Silencio” mostró la vertical sobre sus labios. “ Me meo”, se hizo a un lado y me hizo pase
torero con la palma bandejera.
Dicen que una mano lava a la otra, es
como si no se enterara, parece que tener un poco de la izquierda te libra de
los arrebatos de la derecha, esa dicotomía permanece en el imaginario colectivo
manteniendo el dilema sin resolver, en
ocasiones se dirigen apenadas a los ojos protegiéndolos, no queriendo ver una realidad
incómoda.
Terminaré recordando un bonito
momento, para demostrar como contrarresta la agitación. Ocurrió cuando con las
yemas removí el agua tibia del lago de mis pensamientos meciéndome en la
tranquilidad balsámica del texto acabado.
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