sábado, 23 de noviembre de 2019

Mano manuscrita.


Manos manuscritas

Dándole al manubrio abrí la puerta de lo inconcebible, os cuento esto tal como me lo contaron de primera mano aunque quijoteando entre  suspiros mancos de ti. No le sirvió de nada ser un manitas,  nunca debió dedicarse a la cirugía tal manazas.

 Siempre he pensado que valoramos aquello en lo que menos capacitados estamos, valoramos cualquier reconocimiento ajeno, maniatados por objetivos que no están en nuestra mano, perseveramos nadando contracorriente en un mar de inutilidad.

Apenas unas manos de pintura cubrían el  daltonismo emergente en una  paleta de cromatismo inesperado. Sinembargo una inusitada palmadita en la espalda me expresaba que yo tenía buena mano para la pintura. Una vez ví  a un relojero de gordos dedos pellizcando las horas sin que el tiempo pasara para él.
¿Acaso las rudas no pueden acariciar mientras raspan?
Plegadas por la edad mantienen su tacto con los nietos.
Embarradas como en Ghost se deslizan en la humedad para dar forma a un amor.
Hay quien cree poder leer entre líneas, si aun fueran sordos te lo dirían todo.
Se alzan ante un atraco, una votación, o para alcanzar un deseo, empuñan  el dolor y abofetean  la ira. Rezan juntas ante otras antaño perforadas. Miden la cocina entre  pellizcos y puñados para que nos chupemos los dedos.

 Pero lo que más me alegra es su chasquido rítmico, su plausible golpeteo bate- corazones, pam, pam, pam, tiqui tan pam pam, pequeño silencio, aplauso colectivo.
En la nieve las oculto, no aguanto el frío, en las fiestas las revisto de manicura de gala.
Son investigadoras empedernidas, Ya sea en la nariz, en la oreja o cualquier agujero. Han penetrado en cuevas solo guiadas por el tacto. Son   atrevidas, tocan el agua fría, la ardiente plancha, y todo aquello que esté de rechupete. A veces, con sorpresa, consiguen arrugar la nariz aproximando un dedo maloliente.

Son colaborativas, trabajan en equipo y mano a mano, siempre estrechan relaciones, y dan un ok de conformidad  para echar una mano.

Son la causa del increscendo de la orquesta e indican a quien le atañe musicar.
Dibujan florituras en un aire gestual aflamencado. repleto de faralais.

Levantó la palma derecha. ¡Alto! ¿Dónde vas? La abanicó esperando respuesta.  El corazón se lo llevó a los labios. “Allí  ” Siguió la mirada aquel índice a lo Caravaggio. “No puede pasar” dijo haciendo el parabrisas.” Por favor” entrelazó los dedos en rogativa. “Silencio” mostró  la vertical sobre sus labios. “  Me meo”, se hizo a un lado y me hizo pase torero con la palma bandejera.
   
Dicen que una mano lava a la otra, es como si no se enterara, parece que tener un poco de la izquierda te libra de los arrebatos de la derecha, esa dicotomía permanece en el imaginario colectivo manteniendo el dilema sin resolver,  en ocasiones se dirigen apenadas a los ojos  protegiéndolos, no queriendo ver una realidad incómoda.

Terminaré recordando un bonito momento, para demostrar como contrarresta la agitación. Ocurrió cuando con las yemas removí el agua tibia del lago de mis pensamientos meciéndome en la tranquilidad balsámica del texto acabado.

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