miércoles, 26 de febrero de 2020

Marcelo

El despertador de Marcelo suena cada mañana a las siete y media. Marcelo se gira noventa grados, se abraza las piernas y justo a las siete y treinta y cinco minutos pone su pie izquierdo en el lado derecho de la cama. Estricta ducha cronometrada por la introducción de noticias de radio 3. Marcelo baja al bar de la esquina de Blasco Ibáñez y Cardenal Benlloch de lunes a domingo. Un café solo como la vida, ya sabes, amargo y sin endulzar. Carla siempre le sirve con una sonrisa. Pobre alma triste. Marcelo se lo bebe rápido en la primera mesa de la terraza, llueva o truene, para después posarse con los brazos en jarra a observar a todo ser que se cruce en su mirar.

Marcelo tiene los pies grandes y el paso corto. Sol, la dueña de su Panadería preferida adora observar su curioso caminar. Hay que ver lo raro que es el señor Marcelo. Un par de ensaimadas y un paseo largo. Después de una vida autómata, no importa cuanto ansiara el cambio, no se atrevía a salir del cómodo manto de rutina. Le gustaba sentirse arropado.

El día 25 de febrero de 2020 a las 21:32, Marcelo entró en un pequeño bar del barrio de Benimaclet. Aunque él no lo admitirá jamás, el motivo de su inusual cambio de aires tenia nombre: Penélope. Marcelo esperaba una cita, pero Marcelo fue plantado en un barrio que desconocía. Marcelo necesitaba una copa de coñac donde ahogar su ilusión. Lo que jamás imaginó fue lo que encontraría en aquel local. Sus piernas, sus manos, su voz, sus grandes orejas, nada y todo cambió al atravesar aquella puerta. La ya considerada enterrada alma de Marcelo poseyó cada milímetro de su viejo cuerpo. Tomó un libro de poesía de la estantería y decidido caminó hasta el pequeño escenario del fondo. Todos le observaban, pero no sentía ningún pudor. Recitó desde el pecho. Trató de recorrer con la mirada todas y a la vez ninguna cara. Así era él, pura contradicción. Entonces la vio. La abrazó y se sintió más Marcelo que en sus setenta años de vida: La armónica.

Cada martes al atardecer, Marcelo se convierte en su auténtica versión. Cada Martes a las 21:32 Marcelo toca la armónica en el Kaf Café.

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