El despertador de Marcelo suena cada mañana a las siete y
media. Marcelo se gira noventa grados, se abraza las piernas y justo a las
siete y treinta y cinco minutos pone su pie izquierdo en el lado derecho de la
cama. Estricta ducha cronometrada por la introducción de noticias de radio 3.
Marcelo baja al bar de la esquina de Blasco Ibáñez y Cardenal Benlloch de lunes
a domingo. Un café solo como la vida, ya sabes, amargo y sin endulzar. Carla siempre
le sirve con una sonrisa. Pobre alma triste. Marcelo se lo bebe rápido
en la primera mesa de la terraza, llueva o truene, para después posarse con los
brazos en jarra a observar a todo ser que se cruce en su mirar.
Marcelo tiene los pies grandes y el paso corto. Sol, la dueña
de su Panadería preferida adora observar su curioso caminar. Hay que ver lo
raro que es el señor Marcelo. Un par de ensaimadas y un paseo largo. Después de
una vida autómata, no importa cuanto ansiara el cambio, no se atrevía a salir del cómodo
manto de rutina. Le gustaba sentirse arropado.
El día 25 de febrero de 2020 a las 21:32, Marcelo entró en
un pequeño bar del barrio de Benimaclet. Aunque él no lo admitirá jamás, el
motivo de su inusual cambio de aires tenia nombre: Penélope. Marcelo esperaba
una cita, pero Marcelo fue plantado en un barrio que desconocía. Marcelo
necesitaba una copa de coñac donde ahogar su ilusión. Lo que jamás imaginó fue
lo que encontraría en aquel local. Sus piernas, sus manos, su voz, sus grandes
orejas, nada y todo cambió al atravesar aquella puerta. La ya considerada enterrada
alma de Marcelo poseyó cada milímetro de su viejo cuerpo. Tomó un libro de poesía
de la estantería y decidido caminó hasta el pequeño escenario del fondo. Todos le
observaban, pero no sentía ningún pudor. Recitó desde el pecho. Trató de recorrer con la
mirada todas y a la vez ninguna cara. Así era él, pura contradicción. Entonces la vio. La abrazó y se sintió más Marcelo
que en sus setenta años de vida: La armónica.
Cada martes al atardecer, Marcelo se convierte en su
auténtica versión. Cada Martes a las 21:32 Marcelo toca la armónica en el Kaf
Café.
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