PRIMERO
Cuando entro en el ascensor, dejo la bolsa del gimnasio en el suelo, abro la botella de agua y me echo
una poca por la cabeza y otra poca sobre mi camiseta, dejándola pegada a mi pecho.
una poca por la cabeza y otra poca sobre mi camiseta, dejándola pegada a mi pecho.
Al abrir la puerta de casa ella me está esperando sentada en el recibidor.
- Vaya, hoy sí que te has esforzado, ¿verdad, gordito?- dice pinzando el michelín que siempre ha habido bajo mi camiseta.
Yo sonrío mirando al suelo e intento ir directo a la ducha. Me bloquea el paso con su cuerpo clavando
sus piernas en el suelo como dos troncos enraizados.
sus piernas en el suelo como dos troncos enraizados.
- Deja que te huela - se acerca a mí olfateando mi axila-. Hueles a limpio. A desodorante. Échame el aliento, gordito.
Yo intento esquivarla y meterme en el baño para poder lavarme los dientes pero ella me coge del
cuello con fuerza, como quien alecciona a un perro desobediente, y me clava sus cinco dedos
hasta que abro la boca y resoplo en su cara.
cuello con fuerza, como quien alecciona a un perro desobediente, y me clava sus cinco dedos
hasta que abro la boca y resoplo en su cara.
- ¿Doritos? ¿Eso has estado haciendo toda la tarde? Eres un cerdito, ¿verdad? – me suelta del cuello y se queda mirándome mientras niega con la cabeza.
Yo, cabizbajo, saco el paquete de Doritos de la bolsa del gimnasio y solo puedo decir “oink”.
SEGUNDO
Mi profesor de gimnasia, don Félix, siempre me está gritando. Dice que si no me esfuerzo no seré nada
en la vida. Dice que si no soy capaz de subir la soga, seré un perdedor.
en la vida. Dice que si no soy capaz de subir la soga, seré un perdedor.
Yo lo intento, pero no puedo. Siempre acabo llorando en el vestuario. Por las noches sueño que la soga
se enrolla a mi cuello hasta estrangularme y que por fin todo se acaba.
se enrolla a mi cuello hasta estrangularme y que por fin todo se acaba.
El otro día, don Félix, vino cuando estaba solo en el vestuario. Me dijo que de niño, iba a clase con mi papá.
Y que nunca pudo jugar al fútbol porque mi papá no le dejaba. Dice que le puso de mote Porkys.
Y que nunca pudo jugar al fútbol porque mi papá no le dejaba. Dice que le puso de mote Porkys.
No sé por qué me contó eso.
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