jueves, 21 de noviembre de 2019

Ya es hora de que deje de ordenar armarios e intente descansar un rato, es muy tarde. Pero sé que no voy a poder dormir, otra vez. Dios mío, ¿qué le puedo decir a mi pequeño Peter cuando cada noche me pregunta por qué no vuelve papá? Ya tiene tres años y casi la mitad de su floreciente vida sin él, sin su padre... Aquel oficial de la Marina Real Británica del que me enamoré y con el que no compartiré esta primavera que me trae nuevas esperanzas. Pero esta noche llueve, como mis ojos. Aún resuenan en mi mente sus últimas palabras antes de partir hacia la conquista del Polo Sur: "Nos volveremos a ver, Kathleen. Cariño, te quiero". 
Miro a Edward y a Henry, que me regalan sus sonrisas quebradas por el dolor. Siento que les he fallado, y automáticamente pienso en mi Kathleen y en el pequeño Peter. También a ellos les he fallado. Saco la pluma y el cuaderno. Un último esfuerzo. Le escribo a mi viuda. 
"Amor, no es fácil escribir por el frío, setenta grados bajo cero y nada más que nuestra tienda de campaña. Creo que nuestra mejor oportunidad ha desaparecido. Pero hemos decidido no suicidarnos, al contrario, lucharemos hasta el último momento por alcanzar el depósito y con la lucha vendrá un final sin dolor, así que no te preocupes. Tú sabes que te he amado... La peor parte de esta situación es que no podré volver a verte, pero debemos enfrentarnos a lo inevitable. Cuando el adecuado llegue para ayudarte en la vida, deberías volver a ser feliz. Espero ser para ti un buen recuerdo. Nos aferraremos hasta el final, pero nos estamos debilitando, por supuesto, y el final 
no puede estar lejos. Es una pena, pero no creo que pueda escribir más". 
R. Scott 
 

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