miércoles, 20 de noviembre de 2019

Diecisiete otra vez


Mamá está comprando. Es mi momento. Corro a su cuarto de baño para tomar prestada su barra de labios de Channel rojo bermellón. Aprovecho también para llevarme una maquinilla de afeitar. No notará la ausencia, estoy segura. Mi siguiente parada es el doble fondo del primer cajón de mi escritorio, donde guardo los preservativos que nos dieron el día de educación sexual en el instituto. Lo guardo todo en un recoveco del bolso. Escondo el bolso en el armario y me voy directa a la ducha. Adoro estar bajo el agua cuando estoy sola en casa. Mi madre no soporta que esté más de cinco minutos a remojo. Al escuchar las llaves decido que ha llegado el momento de secarme y vestirme. Creo que media hora ha sido más que suficiente. Estoy nerviosa. Estoy muy nerviosa, es la primera noche que paso con Mario. Lo tengo todo preparado, excepto lo más crítico del asunto: mi madre aun no sabe que dormiré fuera. Mi última salida fue un horror: mis amigas y yo bebiendo cerveza, la que por cierto detesto,  en un bar y mi madre entrando de sopetón hecha una furia porque debía estar ya en casa. Qué bochorno. Empiezo a sudar. Tengo que decírselo cuanto antes. Me equipo con mi vestido preferido, ese que realza mis escasas curvas. Me miro satisfecha y la llamo. ¡Mamá! Dice Maria que hoy hacemos fiesta de pijamas en su casa. La pantalla del Iphone se ilumina justo cuando mi madre llega al baño.

Mario: Me muero de ganas de tenerte aquí. Ah sí, y un corazón. Le maldigo y giro con violencia el móvil.

Esta niña se piensa que nací ayer. Claro que se que no va a ir a casa de Maria. Si fuera así, por qué hay una maquinilla de afeitar en la ducha en pleno mes de Enero. Y ese conjunto de ropa interior con el que se encaprichó la semana pasada. A casa de Maria. Claro que sí. 

¡Ah! me limito a exclamar sin emoción alguna. Me mira nerviosa mientras vuelve a repetir la misma mentira añadiendo más detalles del plan. Un golpe de nostalgia me invade entonces, las imágenes y sensaciones golpean mi mente. Por un momento vuelvo a tener diecisiete años. Puedes ir cariño, no te preocupes. Pero ten cuidado y no bebas alcohol. Mientras le concedo el permiso, su expresión se llena de vida. Sin embargo, no quiero ponerselo tan fácil, eso le haría perder emoción. Y que narices, esto me empieza a divertir bastante.

-¡Ostras! ¿No era Maria la que había reformado su casa? Haced muchas fotos y me las enseñas, que ya sabes que la mamá es una cotilla. - Contengo una sonrisa picara e intento sonar natural.
-Si. - los colores suben a sus mejillas - te pasaré fotos, tranquila - voy a maquillarme que me tengo que ir en diez minutos - evita la conversación a trompicones.
- Claro cariño, me voy a la ducha, ya nos vemos mañana - le doy un beso en la mejilla - y no te olvides de las fotos.

Escucho un suspiro cuando ya estoy a mitad pasillo. Sonrío.

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