miércoles, 27 de noviembre de 2019

Mano izquierda


Mano izquierda
Mis manos están colocadas del revés. En algún momento de la gestación o del parto, en eso los científicos no se ponen de acuerdo, el cerebro se organiza a derechas y tú acabas al final de la clase y del abecedario. 

Zurdo, zueco, zocato, zoquete, zoco…

Mi mano izquierda es obstinada. Ha resistido años de castigos cerriles, consejos estúpidos y conmiseraciones deprimentes. Es desmañada en la escritura: ser zocato es mal pronóstico para un narrador. Todos los Cuadernos Rubio del mundo no han podido evitar que mis manuscritos sean una algarabía indescifrable, ni que el canto de la mano se convierta en un borrón crónico. No pude estrenar la estilográfica de la primera comunión y siempre he sido adicto a los lápices de punta dura y a los bolis BIC naranja. Gracias, Apple, por inventar una forma de escribir cara, pero que no mancha. Más vale tarde que nunca.

Mi mano izquierda es lista para las chapuzas y para los Meccanos. Quizás haga de necesidad virtud; una vida de pequeños fastidios cotidianos te enseña a entender el truco de tantos cachivaches que nunca le funcionan a un zoquete. También dicen que es mejor para el deporte. Nunca me han interesado el tenis ni la esgrima, así que eso no lo he podido comprobar. Para otras actividades más divertidas yo la encuentro neutra, sin ventajas ni problemas destacables, salvo que siempre elijo el otro lado de la cama.

A mi mano izquierda la controla el lado opuesto del cerebro. A los zuecos nos gusta pensar que eso nos hace más originales y creativos. Esta relación no está estadísticamente demostrada, aunque supongo que cada uno se consuela como puede. Personalmente sí creo que la zurdera te infunde cierta actitud escéptica y crítica que no favorece en nada las habilidades sociales: al final va a resultar que los zurdos tenemos poca mano izquierda.

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