Mano izquierda
Mis manos están colocadas del revés. En algún momento de la gestación o
del parto, en eso los científicos no se ponen de acuerdo, el cerebro se
organiza a derechas y tú acabas al final de la clase y del abecedario.
Zurdo, zueco, zocato, zoquete, zoco…
Zurdo, zueco, zocato, zoquete, zoco…
Mi mano izquierda es obstinada. Ha resistido años de castigos cerriles,
consejos estúpidos y conmiseraciones deprimentes. Es desmañada en la escritura:
ser zocato es mal pronóstico para un narrador. Todos los Cuadernos Rubio del
mundo no han podido evitar que mis manuscritos sean una algarabía indescifrable,
ni que el canto de la mano se convierta en un borrón crónico. No pude
estrenar la estilográfica de la primera comunión y siempre he sido adicto a los
lápices de punta dura y a los bolis BIC naranja. Gracias, Apple, por inventar
una forma de escribir cara, pero que no mancha. Más vale tarde que nunca.
Mi mano izquierda es lista para las chapuzas y para los Meccanos. Quizás haga
de necesidad virtud; una vida de pequeños fastidios cotidianos te enseña a entender
el truco de tantos cachivaches que nunca le funcionan a un zoquete. También
dicen que es mejor para el deporte. Nunca me han interesado el tenis ni la
esgrima, así que eso no lo he podido comprobar. Para otras actividades más
divertidas yo la encuentro neutra, sin ventajas ni problemas destacables, salvo
que siempre elijo el otro lado de la cama.
A mi mano izquierda la controla el lado opuesto del cerebro. A los zuecos
nos gusta pensar que eso nos hace más originales y creativos. Esta relación no
está estadísticamente demostrada, aunque supongo que cada uno se consuela como
puede. Personalmente sí creo que la zurdera te infunde cierta actitud escéptica
y crítica que no favorece en nada las habilidades sociales: al final va a
resultar que los zurdos tenemos poca mano izquierda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario