MI ABUELA Y SU FINAL
Mi
abuela no tardará en irse de nuestras vidas, tumbada en la cama del
hospital. Nos mira con una sonrisa. Estoy convencido de que es una
sonrisa de alivio por saber que pronto dejará de padecer la tortura
de no poder estar con su hijo, mi tío, que ha muerto hace dos años.
Y mi tortura es pensar que podría haber estado más con ella,
haberme preocupado más de ella el tiempo que ha vivido en nuestra
casa, con mis padres y conmigo. Sé que se va a marchar sin pensar en
mis ausencias y sé también que nunca ha dejado de quererme, pero mi
remordimiento es inevitable ahora mismo. Al menos lo que sí voy a
hacer seguro es estar presente cuando exhale su última respiración.
Y me alegro de que estéis todos juntos en mis horas finales, porque
es la imagen que quiero llevarme. Si pudiera hablar, os diría lo
contenta y lúcida que me voy, que os quiero a todos, pero que me
alegro de no seguir estando ya más en un mundo donde no pueda ver a
mi hijo Toni. Él y yo, juntos, os sentiremos desde algún lugar
cercano, aunque no podamos vernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario