martes, 19 de noviembre de 2019

MI ABUELA Y SU FINAL



Mi abuela no tardará en irse de nuestras vidas, tumbada en la cama del hospital. Nos mira con una sonrisa. Estoy convencido de que es una sonrisa de alivio por saber que pronto dejará de padecer la tortura de no poder estar con su hijo, mi tío, que ha muerto hace dos años. Y mi tortura es pensar que podría haber estado más con ella, haberme preocupado más de ella el tiempo que ha vivido en nuestra casa, con mis padres y conmigo. Sé que se va a marchar sin pensar en mis ausencias y sé también que nunca ha dejado de quererme, pero mi remordimiento es inevitable ahora mismo. Al menos lo que sí voy a hacer seguro es estar presente cuando exhale su última respiración. Y me alegro de que estéis todos juntos en mis horas finales, porque es la imagen que quiero llevarme. Si pudiera hablar, os diría lo contenta y lúcida que me voy, que os quiero a todos, pero que me alegro de no seguir estando ya más en un mundo donde no pueda ver a mi hijo Toni. Él y yo, juntos, os sentiremos desde algún lugar cercano, aunque no podamos vernos.

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