A veces la miro y pienso; ¿Qué es lo que pensará
ella de mí? Puedo imaginar que debe creer que soy estúpido, realmente he hecho
muchas tonterías en su presencia para impresionarla. Ella pretendía no darse
por aludida y en alguna ocasión sonreía con encubierto desdén.
Que tonto es, se creerá que me hace gracia. ¡Si
supiera lo que llevo en la caja! Je, je. Con lo que me cuesta disimular y este
no me quita ojo, tendría que haber nacido fea. A ver si se cansa. Parece que
quiere venir a decirme algo. ¡Uf! Pasa de largo. No está mal visto por detrás.
¡Maldita sea! Me ha visto mirándole el culo. Si es que no tengo remedio.
Debería estar harta, después de lo que me pasó con el último. Aquel sicario me pidió
demasiado. No reuní lo suficiente para quitarme a aquel acosador de encima y
ahora va y me trae su cabeza en una caja.
A esta chica le gusto, primero me mira disimulada y
ahora acaba de abrir los ojos de forma exagerada, como entre asombrada y
asustada. Desde aquí no lo distingo. Tal vez si me acercara y le dijera algo.
Cuando se levante podría acompañarla y llevarle los bultos. Parece que va
cargada.
Tengo que pensar algo, que hago con la caja. ¿Cómo
voy a la poli y les digo lo del sicario? De ésta me encierran y esta vez no valdrá
con hacerme la loca, no me encerrarán en el psiquiátrico. Allí por lo menos
tengo compis. Azucena es la que me pasó el teléfono de un amigo de su ex que
conocía a uno que una vez contrató a un matón. ¡ay! Que viene otra vez. A este
lo mato yo. No lo miro y ya está. ¡Menos mal! Pasa de largo. ¡oh, no! Me mira
otra vez y sonríe. Que dentadura más perfecta. La verdad no está mal, sino
fuera por lo que me trae de cabeza. El camarero se ha acercado con una botella
de cava invitación del señor en cuestión.
Ahora, si que no falla, caen todas, en el fondo son
románticas y les gustan los detalles, no me explico como un chaval tan guay
como yo estoy aun libre. Me ha sonreído otra vez.
Este tontainas paga fantas me ha gustado, tiene un
estilo bobalicón que le favorece. ¡Anda! Si me ha puesto un nota: “ Me has impresionado, no puedo dejar de mirarte,
te parece que salgamos a pasear, puedo llevarte la caja esa, para que no
padezcas”
Esta leyendo y parece pensativa, debe decidir si sí
o si no, tengo un 50% de probabilidades. Por fin se levanta, por fín me mira y sonríe,
pero s dirige al baño, se irá a ponerse más guapa si cabe. Ya tarda mucho en
salir, tampoco hace falta que se arregle tanto. Tal vez le ha pasado algo. Voy
a ver. No se que hacer, no puedo entrar en el de señoras. A una chica que entra
le digo que mire si le ha pasado algo a una chica que ha entrado antes. Al fin
sale, dice que no hay nadie. Desconsolado y cabizbajo me dejo caer en un taburete junto a la barra. El
camarero me da una nota, dice que se la ha dejado la chica para mi. Desdoblo la
nota en la que de seguro estará su teléfono y leo:
“ Hola, yo también me había fijado en ti, se donde
vives, te espero en casa, trae-té la caja
que he dejado pero no la abras aun, yo te llamaré”
Pasó una semana sin noticias y al final abrí la caja
y con sorpresa me vi reflejado en aquel desdichado.
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