EL
COÑO DE LA BERNARDA
Al
pobre coño de la Bernarda nunca lo toman en serio. Nadie le pide permiso para meterle
mano y se quedan todo el rato que les apetece. Es un coño débil, sin carácter, fácil
de convencer. No sabe imponer sus opiniones ni sus deseos. Es un coño que habla
tan bajito que no se hace oír. No se siente respetado cuando expone sus
criterios. Todos abusan de su confianza. El coño de la Bernarda no es serio, se
lo toman a pitorreo. Entran y salen cuando les place, sin ninguna
consideración. Es un coño desordenado. Le resulta imposible mantener un orden
con tantas idas y venidas. Cualquiera se cree con derecho de usarlo a su antojo
y jamás le piden disculpas. Es un coño denostado y falto de cariño. Es un coño
minusvalorado. No tienen en cuenta sus sentimientos. En el coño de la Bernarda,
como todos piensan que es de libre uso, reina un caos absoluto.
Entre
sus propósitos de Año Nuevo, el coño de la Bernarda, ha incluido recuperar la
autoestima.
A LO LOCO
Hay pollas que no tiene principios y se
comportan a lo loco. A veces, incluso, tienen vida propia y escapan del control
de sus dueños. En ellas se aloja el cerebro de muchos hombres y toman decisiones
cuando de mujeres se trata. De su tamaño no depende su inteligencia, pero ellas
creen que sí y lo relacionan con su éxito amoroso. Las pollas se estiran y se
encogen a voluntad propia. Compiten con otras, «a ver quién la tiene más
larga», como si sus centímetros midieran el valor. Hay pollas violentas y cobardes que agreden a las mujeres por la fuerza, pero hay pollas maravillosas que son sensibles y amables. No piensan en sí mismas y saben cómo
dar y sentir placer.
Hay pollas de tantos colores como sus
dueños. También hay pollas generosas, que ayudan a dar vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario