martes, 10 de diciembre de 2019

 Visiones de un ciego


Maya era una chica totalmente diferente a cualquier otra.
Sus ojos brillaban más que cualquier faro, su cuerpo tenía tantos detalles que todavía no se había encontrado escultor con suficiente conocimiento para esculpirlo y, gracias a su sonrisa, Maya consiguió comprarse su propia casa, ya que sus dientes fueron el motivo por el que cientos de modelos fueron destituidas y fuera ella misma la que saliera en todos los anuncios de enjuague bucal.

Maya hacía que la gente que odiara los pies, al ver los suyos, ellos mismos se contradijeran diciendo que los pies son la parte más bonita del cuerpo. Cuando a Maya se le cayó su primer diente, el Ratoncito Pérez murió aplastado por la cantidad de monedas que tenía que pagar por él.
Si Maya faltaba a clase, su clase, en vez de pasarle los apuntes, todos juntos se desplazaban al lugar donde estuviera Maya para poder estar con ella.
Si Maya se iba a dar una vuelta por el centro, los artistas callejeros le pagaban a ella por dejar que la pintaran. Coincidir con esta chica solo hacía que tu vida fuera más llevadera.
Un día se me rompió un espejo y, sin dudarlo, puse la cara de Maya en frente y automáticamente se recompuso.  Sí que es verdad que también había puntos negativos debido a que no podíamos  entrar en determinados países ya que la presencia de Maya provocaría guerras en muchos ellos debido a los dictadores que se pelearían por conquistarla.

Desde luego, lo más bonito de Maya era el aura que desprendía, aún así, si tuviera el don de poder ver y así mis ojos sirvieran de algo, no sé si me atrevería a contemplarla.
 Esto es debido a que la creatividad me deja imaginármela sin ningún límite y, además, no hay ninguna imagen material que pueda compararse a la imagen del alma.




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