La parte más sensible
de un hombre.
Iván se mira en el espejo mientras se acicala para la noche del
viernes. Tras una ducha tranquila, se seca y revisa, satisfecho, el relieve de
sus músculos y el tatuaje que resalta la parte más importante de su cuerpo y de
su persona: su polla. Iván tiene una polla grande, enorme: una polla
triunfadora. Su polla es la admiración de las tías y la envidia de sus
compañeros de gimnasio. Una polla grande: eso es lo que quieren las tías. A
veces hay que disimular un poco con el rollo ese del ligoteo, que qué música te gusta, que si
esto, que si aquello, que si ji-ji, que si ja-ja. Polladas: lo que necesita una mujer de verdad es una buena polla. Todo lo demás son excusas de los tíos
con la polla chica y ganas de sus amargadas mujeres. Como María, la tía nueva de
Administración. ¿Pues no va la cabrona y se chiva al jefe del almacén? ¡Que la
acoso, dice la muy puta! Tú te lo pierdes, bollera de mierda, así nunca vas a probar una polla
de verdad. Mientras acaba de arreglarse, sus preocupaciones se disipan con la
primera rayita de la noche. Son ya las 12 y sale a la calle completamente
seguro de sus posibilidades. El mundo está lleno de tías hambrientas que hoy darán de comer a esta polla campeona.
Sara guasapea aburrida en la barra del Club Oasis. Son casi las cuatro de la mañana y la noche está fatal. Aunque viernes, es fin de mes y por aquí no aparece nadie. Cuando está a punto de tirar la toalla, la puerta del Club se abre y entra Iván. Sus miradas se cruzan y Sara comprende que acaban de salvarle la jornada. Iván es un cliente habitual, pesado y obsesionado con el tamaño de su polla: una polla grande, torpe e incómoda. Pero él es un tío simple y fácil de complacer: siempre viene colocado y con bastante dinero. Pan comido. Entre el servicio y las rayas puede sacarle al palurdo más de 200 pavos. A sus 24, Sara tiene experiencia de sobra para manejar con oficio la parte más sensible de un hombre: su vanidad. Por eso sabe que la negociación será corta y provechosa. Diez minutos y un cubata más tarde, Sara e Iván suben amarrados las escaleras que llevan a las habitaciones. Los dos sonríen satisfechos, pero por motivos completamente diferentes.
Coleccionista de coños.
Juande es coleccionista de coños. No de coños
sanguinolentos, estilo Jack el Destripador o American Psycho. No, él es una persona sensible y educada; nunca le haría daño ni a una mosca. Tampoco colecciona coños
pornográficos ni coños de pago. Juande siente una profunda aversión por los
coños en movimiento de las putas mecánicas y cansadas. De hecho, le repugnan
las mujeres en general. Son seres ruidosos, cansinos y exigentes. Esa es la
parte del coño que menos le gusta y que procura separar con meticulosa
precisión. No, Juande es un esteta del coño, un auténtico artista. A costa de
paciencia y Photoshop ha creado una inmensa colección de coños que organiza y
clasifica con el rigor de un botánico. En su colección “Antropometría del Coño”
ha ilustrado todas las variantes posibles de morfologías, tamaños y texturas del coño.
La carpeta “Coños sin Fronteras” muestra una paleta increíble de tonalidades,
desde los coños rosados y rubicundos del Norte de Europa, hasta los coños
africanos de chocolate y fresa. En “Coños Brasileños” desarrolla el interesante
tema del estilismo púbico. Y otras muchas carpetas más que repasa de vez en
cuando con merecido orgullo. Recientemente ha ampliado sus horizontes gracias a
la Red Profunda, donde ha conocido a otros seres sensibles como él y ha
aprendido posibilidades que, hasta ahora, le parecían prohibidas o
peligrosas. Así acaba de empezar su último proyecto, “Coños inocentes”, donde
piensa que conseguirá extraer, por fin, la esencia del coño perfecto en su estado más puro….
Tan abstraído está en sus pensamientos que no identifica el
ruido que explota de golpe cuando la policía revienta la puerta de su casa y
entra en su habitación. Mientras dos policías le tiran sobre la cama y le esposan
las manos a la espalda, otros dos trajinan en sus ordenadores y discos duros.
Juande no entiende nada, esto es un error, es un abuso, estoy en mi casa y no
le he hecho daño a nadie, no soy un delincuente, esto es un terrible
malentendido. Y quiere que se lo trague la tierra mientras baja las escaleras y
percibe cómo los vecinos espían por la mirilla o abren sin disimulo la puerta para
mirarlo con un desprecio que un artista como él no se merece.
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