El coño
¿Estás de coña hablando de coños? Pues no, querido lector mío que te
adentras en los secretos de lo huidizo. En todas partes, hasta en las partes,
se esconde la poesía. Pues qué mejor lugar para que el poeta sea raptado por
las musas que aquel entre el Parnaso y el Helicón. Montañas elevadas como
piernas dobladas en cuyas laderas brotan las claras aguas la fuente Castalia,
que calma la lengua de inspiración sedienta.
Porque todo tiene profundidad (sobre todo el coño) y, en lo profundo, todo
es verdad. Y todo lo verdadero es bello (como el coño). Y todo lo bello se
puede amar (como... Sí, lo has adivinado).
Pero, como todo lo que en las noches consigue desvelarte, adentrarse en sus
misterios es un arte. Mas la recompensa es grande, pues conocerás ocultos unos
labios que besan mejor que sus primos de arriba que por hablar se creen muy
sabios. Y no saben que lo más hermoso de la vida vuela en las alturas de lo
inefable.
En él te adentrarás, querido amigo, en lo ignoto como un fugitivo. ¿Pues qué mayor deseo que el anhelo de lo prohibido? Existe una parte en nosotros que ansía rasgar los velos de lo oculto, iluminar las sombras de lo esquivo.
En él te adentrarás, querido amigo, en lo ignoto como un fugitivo. ¿Pues qué mayor deseo que el anhelo de lo prohibido? Existe una parte en nosotros que ansía rasgar los velos de lo oculto, iluminar las sombras de lo esquivo.
Solo te digo, querido cazador furtivo, que no te dejes
llevar por el brío. En esta flor se guarda el dulce néctar de la ambrosía,
manjar de dioses, fuente de la que brota su inmortal destino. Y al caer la
tarde, entregado al dulce delirio, recuerda el secreto de este lirio. Quizá
entonces, su fragancia derroche en el goce de la noche. Y si actúas con atino,
al despertar lo sentirás cuajado de rocío.
Y ojalá no estés hasta el coño, qué coño.
Y ojalá no estés hasta el coño, qué coño.
La polla
¿Qué pollas dices? ¿Esa que empolla la gallina o la flecha con la que Cupido hechiza? Gerardo Diego dijo en su oda al ciprés de Silos: "Enhiesto surtidor de sombra y sueño / que acongojas el cielo con tu lanza. / Chorro que a las estrellas casi alcanza / devanado a sí mismo en loco empeño". Puede que esté ya todo dicho.
Y qué decir de la música, voz del alma. Invoquémosla en nuestra singular singladura. Dicen que para la Reina de la Noche no hay nada como La Flauta Mágica de Mozart.
Pero si ha habido una sociedad que valoraba los penes como se merecen, esa es, sin lugar a duda, la romana. Puertas y paredes adornadas con falos para dar buena suerte y alejar la desgracia. Niños y adultos, todos portaban amuletos con penes voladores para ahuyentar la enfermedad del cuerpo. Si ya os decía que lo que teníamos hoy entre manos es un arma poderosa. Ya podéis decir con la boca llena que la polla ha sido el símbolo de un Imperio. Benditos sean los romanos. Quizá estos desciendan del mismísimo homo erectus... Si los paleontólogos supieran esto no afirmarían a pies juntillas que se extinguió este portentoso hombre erecto.
Y hasta aquí nuestra fálica aventura juntos, antes de que
acabéis de mí hasta la mismísima...
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