miércoles, 22 de enero de 2020

ARQUETIPO ACTUALIZADO

ARQUETIPO ACTUALIZADO



Llevábamos demasiado tiempo trabajando demasiadas horas al día, pero para nuestro jefe nunca era demasiado. En aquella maldita oficina las jornadas casi siempre superaban ampliamente las ocho horas y la presión a la que nos sometía aquel miserable era en muchas ocasiones cercana a lo insoportable. Todos estábamos hartos pero nadie había cogido nunca ese hartazgo y le había dado forma de “me voy de aquí...ahí te quedas, exjefe de mierda”. La situación económica general era bastante mala y los diez trabajadores medio esclavizados entre aquellas cuatro paredes teníamos familia, o bien hipoteca o bien las dos cosas; todos sin excepción. Se hacía difícil tomar la decisión de marcharse.
El despacho de nuestro jefe estaba pegado al espacio donde trabajábamos los demás. Aquel viernes a las 8 de la tarde vi cómo asomaba su gorda cabeza por la puerta y llamaba a Esperanza para que entrara a hablar con él. Ella era una mujer de fuerte carácter y seguramente de las menos pusilánimes de aquella oficina, lo cual de todos modos no le había hecho adoptar una postura distinta al resto. Hasta aquel viernes a las 8 de la tarde. Cuando salió del despacho de nuestro jefe, su enfado era mucho más que evidente. Desconozco qué le había dicho, nunca nos lo reveló, pero no quiso esperarse al lunes para pedirnos a todos que dejáramos un momento lo que estábamos haciendo y fuéramos a hablar con ella a su mesa. Aquello estaba durando más tiempo de lo humanamente aceptable y quería saber si estábamos dispuestos a apoyarla en lo que pensaba acometer.
- ¿Peró qué piensas hacer? -preguntó Joan, el responsable de compras.
- Acabar con la tiranía de este individuo -respondió Esperanza.
Las caras de desconfianza y de incredulidad que mostrábamos a Esperanza seguían estando ahí, así que esta, pegando un pequeño golpe en la mesa y con una voz baja pero muy rotunda sentenció:
- Tenemos que ser valientes, ¡joder! Si no estáis conmigo, esto no funcionará.
- ¿Pero qué tienes en mente? -pregunté.
- Nada del otro mundo. Denunciarlo. Algo que deberíamos haber hecho ya hace mucho tiempo -me respondió ella.
El lunes por la mañana, Esperanza no vino a la oficina. Tampoco al día siguiente. El miércoles llegó su denuncia al despacho. Se la estaba jugando doblemente: no solo por denunciarlo sino por no acudir al trabajo.
El jueves Esperanza sí vino y, naturalmente, el jefe le profirió un arsenal de insultos e improperios muy lamentables. Pero ella no se amilanó y le respondió con la misma contundencia y en un tono de voz que jamás le había oído. Entre insulto e insulto a aquel miserable, se dirigía a nosotros para que nos enfrentáramos también a él, para que le echáramos a la cara todas las lindezas que nos habíamos guardado desde hacía tanto tiempo. No sé qué escondido carisma consiguió transmitir, pero el caso es que uno a uno nos fuimos levantando de nuestros asientos. Con una seguridad creciente nos acercábamos a él y lo íbamos obligando a ir hacia atrás con nuestras palabras y nuestros pasos, hasta que esa gorda cabeza topó con la pared que separaba su despacho del resto de la oficina. Y Esperanza estaba allí con nosotros, participando de aquel acorralamiento. De repente alzó la voz y nos mandó callar, a lo cual obedecimos. Se colocó entre nosotros y aquel hombre que sudaba y temblaba, totalmente sorprendido y sobrepasado por unas circunstancias que nunca habría esperado, y nos dijo:
- Hoy aquí no ha pasado nada. Ha sido un día de trabajo como otro cualquiera. Nadie más que nosotros sabe que ha sido así. Y os pido vehementemente que en los próximos días formuléis una denuncia conjunta contra este tío. La mía sola puede que no tenga éxito, pero si todos lo hacemos, estoy segura que conseguiremos mejores condiciones de trabajo. O eso, o marcharnos de este sitio asqueroso. Pero si lo hacéis, por favor, hacedme caso y denunciad a este tío para que no crea que el despotismo es gratis.
Y aquí estamos, escuchando a Esperanza. Por las caras de creciente entusiasmo que veo en mis compañeros, intuyo que estamos en la primera revolución, que será difícil pero necesaria, en la historia de esta oficina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Textos para lectura previa de cara a la última clase

TRANSIRAK MR.PERFUMME ¿Quién podría amar a una medio máquina? ¿Quién sería capaz de bucear bajo su gruesa capa de metal? ...