miércoles, 8 de enero de 2020

EL AMOR, LA OBSESIÓN Y EL TEMOR

EL AMOR, LA OBSESIÓN Y EL TEMOR



Todos los edificios estaban sin luz, excepto tu ventana del primer piso, que parecía mirarme sabiendo que estaba deseando verte aparecer. Y apareciste. Tan fea como siempre. Con ese pico de águila real entre los ojos, que compartía protagonismo con la mueca permanente de tu boca armoniosamente deformada; una boca acotada en la parte de arriba por ese bigotillo que se llenaba de sudor perlado en los momentos más imprevistos y ocupada por unos dientes entre amarillos y parduzcos. Gracias a la luz de tu ventana podía apreciar estos detalles y alguno más, como esa manera desmesurada de bostezar, esos pelos despeinados que no obedecían a nadie o tu manera de achinar los ojos. Te acababas de despertar, sin duda. Podía distinguirte con la seguridad de que la penumbra me ocultaba, allí justo debajo de tu ventana. Estaba enamorado de ti, irremediablemente. No me importaba que fueras tan fea. El aspecto físico está claramente sobrevalorado hoy en día. Estaba seguro que eras inteligente y albergabas otras características interesantes. Había decidido que al día siguiente por fin intentaría conocerte, no sé cómo pero lo intentaría. Ya estaba cansado de amarte en la clandestinidad. Si no conseguía enamorarte en seguida, lo lograría con el tiempo. Ya me las arreglaría de alguna forma, pero tú no serías de nadie más que de mí. Llevaba años buscando una persona así. Y allí estabas tú, encogido y tan imbécil como siempre. Debajo de mi ventana una vez más, pensando que no te veía. Si hubieras mirado hacia el cielo habrías visto una enorme luna llena que anulaba en gran parte la oscuridad de la calle. Además de jorobado y cojo, parece ser que eras tonto. Siempre creíste que no te había visto observarme cuando salía a la calle o cuando tantas madrugadas me apoyaba en esta ventana tras despertarme en mis noches de desvelo. Estabas más que enamorado de mí, lo cual era muy lógico, pero no entendías que una mujer atractiva no puede estar con alguien así. Y aquella noche, al verte allí de nuevo por enésima vez, me harté. No te tenía miedo, pero llamé a la policía, que vino bastante rápido. Desde mi ventana expliqué la situación a los dos agentes que se presentaron y estos te sacaron de allí metiéndote en su coche. Supongo que te llevaron a comisaría. De esto hace ya una semana y desde entonces no te he vuelto a ver merodeando cerca de mi casa. Y esto sí que me asusta un poco, porque está claro que la policía te tuvo que soltar y ahora no sé si estás enamorado o cabreado. Espero que no estés tramando nada...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Textos para lectura previa de cara a la última clase

TRANSIRAK MR.PERFUMME ¿Quién podría amar a una medio máquina? ¿Quién sería capaz de bucear bajo su gruesa capa de metal? ...