El buen samaritano.
Todos los edificios estaban sin luz, excepto tu ventana.Entré en el edificio donde estaba tu oficina y tomé el ascensor a la cuarta planta. Todo en silencio y a oscuras, tu despacho iluminado. “¿que pasa Roberto, trabajando para tu divorcio?” No dijiste nada, pero por tu cara era obvio que no te había hecho gracia. llevas dos años casado con Paloma, a la que yo antes tiré los tejos. y me sigue gustando, así que no entiendo qué haces aquí en lugar de estar con ella. “no me toques los cojones, Javier, mi jefe no pierde ocasión de pedirme cosas para mañana, y me temo que eso también es culpa tuya”. “Roberto, te juro que no he tenido nada que ver. siempre has tenido el mismo problema, no eres capaz de organizarte y la única forma de hacer tu trabajo es echarle horas. Eso no es sano ni para ti matrimonio ni para tí. algún día cuando vea tu luz encendida te encontraré fiambre encima de tu mesa, y eso no me hace gracia. a pesar de todo , eres de los pocos amigos que me quedan en la oficina, todos se han ido largando. Venga, acaba ya y vamos a tomar unas cervezas, luego te llevo a casa si quieres.”
“pues mira sí, ya estoy acabando, y ya no me funciona bien el coco. Déjame que cierre el informe y me voy contigo.” “te espero en mi despacho, cuando quieras.” salí del suyo y entré en el mío, encendí la luz y me tiré en el sillón, poniendo los pies encima de la mesa.
miré el sitio donde se sentaba nuestra secretaria. también me gustaba, con sus tacones altos y faldas cortas. Había sustituido a Paloma cuando se casó con Roberto y dejó el trabajo. Las normas de la compañía no permitían que siguiera siendo Roberto su jefe, así que tuvo que irse. Una lástima. La nueva se llama Ana, y las malas lenguas dicen que está enrollada conmigo, pero no es cierto. Yo sigo fiel a mi soltería y un lío en la oficina me parece lo más cutre del mundo. Irónicamente, si alguien viera mi luz encendida (la única con la de Roberto nen todo el edificio, pensarían que me la estaba tirando en este momento. saben que conmigo no pueden contar después de las 6. me divirtió la idea, antes de parecerme descabellada.
Encendí el ordenador por hacer algo. tenía tres mensajes d mi jefe que me negué a leer a aquella hora, y uno de Ana diciéndome que mañana llegaría tarde por no sé qué problema. lo borré y entonces entró Roberto en mi oficina. “Vamos, que quieres, que encima de llegar tarde Paloma se dé cuenta que he bebido, no sé porqué me fio de ti. estás deseando que me de el zamacuco para entrarle otra vez a Paloma. No pongas sa cara de indignación, ya no cuela. pero en el fondo eres el único que se ha acordado que estaba aquí, así que vamos a por esas cervezas.
Al entrar en la cervecería que está enfrente del edificio, veo a Ana apoyada en la barra. la verdad es que está muy buena, y sabe como aprovecharlo. se que vive cerca de aquí , pero no lo esperaba encontrármela. lanza una sonrisa de incredulidad y me dice “ vaya, ¿que haces por aquí? supongo que Roberto acada de salir, ¡pero tu!, vaya sorpresa “ ya ves, he pasado y he visto la luz encendida, así que he tenido que subir a rescatarlo antes de que muriera de exceso de trabajo. en el fondo soy un buen tío” “ya, a otra Caperucita con esos cuentos, lobo” “¿lobo yo? de verdad que soy mas inocente que un bebé” “no me fio de tí, tienes muy mala fama, Javier, pero bueno, ya que estáis aquí, ¿os tomáis unas cervezas conmigo? después si quieres vamos a mi casa y me demuestras lo de bebé” esto se ponía interesante. mi buena acción podía tener al final recompensa, pensé mientras dejaba el abrigo en un taburete y me sentaba cerca de Ana, quizás demasiado cerca para que ella se sintiera cómoda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario