domingo, 16 de febrero de 2020

ADAPTACIÓN MUY LIBRE DE "CONTINUIDAD DE LOS PARQUES" (EUSEBIO)

ADAPTACIÓN DE “CONTINUIDAD DE LOS PARQUES”, DE JULIO CORTÁZAR



         Como ávido devoto que era de Agatha Christie, la novela que estaba a punto de terminar, la última que le faltaba por leer de ella, no parecía estar decepcionando a Eusebio. Las palabras de Roger Ackroyd hacía tiempo que habían dejado de estar presentes en aquellas líneas, su presencia solo se mostraba a través del pronunciamiento de su nombre por parte de los demás personajes. Él ya no estaba. Ya había sido asesinado hacia el principio del libro con un puñal. Y en esta parte final, la gran Agatha, con el imán irresistible de su imaginación, estaba encaminando a Eusebio hacia el descubrimiento del asesino del bueno de Roger. Quedaba poco para saberlo.
         Allí se encontraba él, sentado en su sillón de piel marrón, dispuesto a no levantarse hasta acabar de digerir la última página devorada. Línea a línea iba perdiendo la consciencia de la habitación que le rodeaba y adentrándose en otra habitación, aquella en la que Hércules Poirot estaba dando su habitual discurso final a todos los sospechosos, que acabaría en la revelación de la identidad del malvado criminal. Especialmente en la parte final de las novelas de Agatha era cuando la mente de Eusebio dejaba de estar en el mundo real para pasar a acompañar la acción desde dentro como un personaje más. Tras leer la última palabra de la última página, poco a poco volvía a conectar con el suave contacto de la piel de su sillón y a mirar su habitación con el gozo de saber que el viaje mental fuera de ella había valido la pena.
         Pero aquella vez iba a ser distinta. Aquella vez el doctor James Sheppard, después de ser descubierto por Poirot en el penúltimo capítulo, apareció tras el sillón de piel marrón, esperó a que Eusebio acabara de leer la última palabra de la última página y volviera poco a poco a la realidad. Viendo su cara furibunda y el puñal en su mano, parecía haber pocas dudas de lo que pretendía hacer con Eusebio: vengarse por haber descubierto su secreto. Ya lo había hecho con otros tantos lectores mortales. Estos pagaban el pato de la inmortalidad del genial detective belga, contra la que Sheppard no podía hacer nada.






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