martes, 4 de febrero de 2020

GRITOS COLOCADOS

GRITOS COLOCADOS



Hoy dormiré por primera vez en mi nuevo apartamento, en el quinto piso de un edificio céntrico de Valencia. El portero está en su garita y en el momento de entrar por el portal me saluda con su horrible nasalidad, igual que ayer cuando llegué con mis cosas en la camioneta de la mudanza. Es una pena que un hombre que debe de tener unos cincuenta años ofrezca al mundo aún esta lamentable carta de presentación en sus cuerdas vocales. Con la edad se suelen corregir estas cosas, pero por desgracia para él y los que le escuchan, de momento en su caso no ha sido así. Por suerte, no parece que sea muy hablador y esto me tranquiliza, teniendo en cuenta que probablemente deberé cruzarme con él casi todos los días.
Subo en el ascensor acompañado de un vecino, un señor mayor, aunque no me atrevería a decir qué edad tiene. Más que el portero, desde luego; eso sí, es mucho más agradable escucharlo cómo se ofrece a ayudarme en todo lo que necesite para llevar mejor mi calidad de recién llegado. Bonito color de voz, gravedad incluso seductora. Me despido de él agradeciéndole su ofrecimiento y deseando que podamos conversar a menudo.
Llego a mi piso y en seguida me pongo a desembalar todo y a ordenar mi nueva vida. Salvo por el ruido que hago al trajinar con mis cosas, no se escucha nada más. Pero, de repente, las voces de dos hombres, que deben de venir del piso de arriba. Parecen muy enfadados. Me detengo a escuchar más atentamente. No, están muy enfadados. Alcanzo a entender casi todas las palabras que se lanzan y me llevo una grata sorpresa al comprobar la buena colocación con que se las lanzan. Si mis vecinos son capaces de dar estos matices en un tono elevado, bienvenida sea la mala calidad de las paredes que me permitirá disfrutar cuando estén hablando en un volumen más tranquilo.
La discusión aumenta su fragor sin perder ni un poco de su elegante estruendo, hasta que se oye un disparo; inmediatamente después, un insulto envuelto en un gemido de dolor. Temiéndome una catástrofe, llamo a la policía, explicando lo que he escuchado. La mujer que me atiende me dice que en seguida vienen para acá unos agentes. Al cabo de pocos minutos empiezo a escuchar ruido de barullo en el rellano de arriba. No puedo resistirlo, claro, y subo. Allí se arremolinan unos cuantos curiosos. No tardamos en ver cómo sacan de uno de los pisos dos camillas, con dos cuerpos tapados por sábanas. Mis dos vecinos. ¿Quizá uno disparó al otro y luego se suicidó? No lo sé. En fin, mañana en el estudio de doblaje contaré lo excepcional que ha sido mi primer día en el nuevo edificio.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Textos para lectura previa de cara a la última clase

TRANSIRAK MR.PERFUMME ¿Quién podría amar a una medio máquina? ¿Quién sería capaz de bucear bajo su gruesa capa de metal? ...