jueves, 6 de febrero de 2020


Reunión de la Comunidad de pareceres.

A veces somos reos de nuestra propia cosmovisión. Vemos a los demás desde nuestras gafas teñidas de prejuicios y aliñadas a la ligera de atribuciones. Si a eso unimos que el deporte nacional es la crítica ajena, el escenario está dispuesto para esta reunión de la comunidad de vecinos.

-¿Cómo estás? Preguntó Luis, el médico al vecino de arriba. Era ovio para él que esos ojos inyectados de insomnio provenían de su  asiduo deambular nocturno.
- Bien, mintió Miguel, el Arquitecto, intentando ser constructivo y dar una contestación edificante, aunque veía a  Javier un tanto desproporcionado, su cara asemejaba una catedral en ruinas, ¿Y tú, que tal , bien de salud supongo?

-Me pongo enfermo cada vez que voy al hospital a trabajar, veo  a todos cara de coronavirus, p hace un rato he abierto el informe de mi analítica y no tengo ninguna estrellita. Suspira.
Ahí llegan Merche y Juan, siempre que los veo me dan la impresión de que están más viejos, seguró que no toman urbequinol, como les recomendé. La adherencia a los tratamientos es como la de su matrimonio,

- Pues yo los veo igual que siempre, su relación creo que es sólida y está bien cimentada, no como otras que se desmoronan ante el  primer  viento de menos primaveras. Él como Psicólogó seguro que ha construido una relación estable con material humano de primera.
-Ella debió tomar mucho sol en su juventud, y eso el cuello no lo perdona. Sin embargo conserva las curvas caribeñas que hicierón perder la cabeza a nuestro psicólogo.

-Si que  tiene buenos pilares,  su estructura sobresale en formade ménsula arquitrabada para dar exprlendor a todo el cimborrio.

-Hola, cuanto tiempo sin vernos,. Se acercó Merche, la pintora, con su sonrisa resplandeciente destelleando rojo carmín ardiente mientras depositaba besos carnosos pintando las mejillas de los receptores de color pasión. El médico  sonrosó su ajada hipocóndria por unos instantes, El arquitecto vestido de blanco minimalista, entretenido en el análisis de la estructura de la pintora no advirtió desde su atalaya que el psicólogo le escrutaba intentando catalogarlo entre neurótico obsesivo o psicopatólogico intermitente de labilidad sublime.

Mientras la pintora se decía para sus adentros, siempre soy yo la única mujer en estas reuniones. Y estos son  tan oscuros que ni Caravagio los pondría en sus penumbras.  No hay color. El Arquitecto siempre va de gris cemento y los zapatos sucios. El médico tiene una nariz interesante, tal vez algún día la pinte, aunque le pondría la cabeza del psicólogo, con esos rizos pigmentados al aire semeja locuelo.  Ahora llega el vecino del ático. Seguro que se compró el ático para estar más cerca de cielo, al fin y al cabo es enterrador.

_ Buenas tardes, dijo el del ático mientras agachaba la cabeza  en pose de meditación trascendente. Pensaba él que aquella reunión estaba muerta, en cuanto llegara el administrador, soltaría lo de siempre y enterraría cualquier problema urgente en papeleos insolubles que se morirían en el intento. Levantó la mirada un momento para reparar en la vitalidad de la exuberante pintora. Luego miró al médico y se dijo, a este, tanto trabajar pronto se nos va. Cuando vio al Arquitecto pensó que este no pasa el certificado energético, otro que está más allá, que aca. El Psicólogo no le produjo emoción ninguna, su cara pusilánime  y sombría contrastaba con el fulgor infierno que derramaba su mujer, que estaba de muerte.

Por fin llegó el administrador y tras saludar abríó su carpeta, leyó el acta y preguntó. ¿Algo que añadir? Todos callaron y regresaron a sus pensamientos.





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