Reunión de la Comunidad de pareceres.
A veces somos reos de nuestra propia cosmovisión. Vemos a
los demás desde nuestras gafas teñidas de prejuicios y aliñadas a la ligera de
atribuciones. Si a eso unimos que el deporte nacional es la crítica ajena, el
escenario está dispuesto para esta reunión de la comunidad de vecinos.
-¿Cómo estás? Preguntó Luis, el médico al vecino de arriba.
Era ovio para él que esos ojos inyectados de insomnio provenían de su asiduo deambular nocturno.
- Bien, mintió Miguel, el Arquitecto, intentando ser
constructivo y dar una contestación edificante, aunque veía a Javier un tanto desproporcionado, su cara
asemejaba una catedral en ruinas, ¿Y tú, que tal , bien de salud supongo?
-Me pongo enfermo cada vez que voy al hospital a trabajar,
veo a todos cara de coronavirus, p hace
un rato he abierto el informe de mi analítica y no tengo ninguna estrellita.
Suspira.
Ahí llegan Merche y Juan, siempre que los veo me dan la
impresión de que están más viejos, seguró que no toman urbequinol, como les
recomendé. La adherencia a los tratamientos es como la de su matrimonio,
- Pues yo los veo igual que siempre, su relación creo que es
sólida y está bien cimentada, no como otras que se desmoronan ante el primer viento de menos primaveras. Él como Psicólogó
seguro que ha construido una relación estable con material humano de primera.
-Ella debió tomar mucho sol en su juventud, y eso el cuello
no lo perdona. Sin embargo conserva las curvas caribeñas que hicierón perder la
cabeza a nuestro psicólogo.
-Si que tiene buenos pilares, su estructura sobresale en formade ménsula
arquitrabada para dar exprlendor a todo el cimborrio.
-Hola, cuanto tiempo sin vernos,.
Se acercó Merche, la pintora, con su sonrisa resplandeciente destelleando rojo
carmín ardiente mientras depositaba besos carnosos pintando las mejillas de los
receptores de color pasión. El médico sonrosó su ajada hipocóndria por unos
instantes, El arquitecto vestido de blanco minimalista, entretenido en el
análisis de la estructura de la pintora no advirtió desde su atalaya que el
psicólogo le escrutaba intentando catalogarlo entre neurótico obsesivo o
psicopatólogico intermitente de labilidad sublime.
Mientras la pintora se decía para
sus adentros, siempre soy yo la única mujer en estas reuniones. Y estos son tan oscuros que ni Caravagio los pondría en
sus penumbras. No hay color. El
Arquitecto siempre va de gris cemento y los zapatos sucios. El médico tiene una
nariz interesante, tal vez algún día la pinte, aunque le pondría la cabeza del
psicólogo, con esos rizos pigmentados al aire semeja locuelo. Ahora llega el vecino del ático. Seguro que
se compró el ático para estar más cerca de cielo, al fin y al cabo es
enterrador.
_ Buenas tardes, dijo el del
ático mientras agachaba la cabeza en
pose de meditación trascendente. Pensaba él que aquella reunión estaba muerta,
en cuanto llegara el administrador, soltaría lo de siempre y enterraría
cualquier problema urgente en papeleos insolubles que se morirían en el
intento. Levantó la mirada un momento para reparar en la vitalidad de la exuberante
pintora. Luego miró al médico y se dijo, a este, tanto trabajar pronto se nos
va. Cuando vio al Arquitecto pensó que este no pasa el certificado energético,
otro que está más allá, que aca. El Psicólogo no le produjo emoción ninguna, su
cara pusilánime y sombría contrastaba con
el fulgor infierno que derramaba su mujer, que estaba de muerte.
Por fin llegó el administrador y
tras saludar abríó su carpeta, leyó el acta y preguntó. ¿Algo que añadir? Todos
callaron y regresaron a sus pensamientos.
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