miércoles, 5 de febrero de 2020

Un día en la vida de Félix


Nada más sonar el despertador salgo de la cama con el mismo ánimo que el de un pájaro al salir de su jaula, la verdad que hoy, al igual que cada mañana, tengo ganas de volar y demostrar al mundo mis alas. 
No me importa la hora que sea, el cansancio que tenga o si va a hacer lluvia o sol, ya que tengo claro que va a ser un día maravilloso.
Después de ponerme mis calcetines de mister wonderful, me lavo a fondo los dientes debido a que ya sé que mi sonrisa será muy usada a lo largo del día y me pongo a recordar todo lo que tengo que hacer hoy.

Clases de sociología, psicometría y personalidad por la mañana, atender la caja de 4 a 8, revisión médica a las 8:30 y película para celebrar el final de la jornada, la verdad que me ilusiono de solo pensarlo.

Salgo de mi casa y por el camino me encuentro a Eva, la vecina, le doy los buenos días, le cojo las bolsas que llevaba entre las manos y le regalo una de mis muchas sonrisas para trasmitirle que ya no hace falta que baje a tirar la basura.
Quedo con mi amigo Pedro en la esquina de mi casa y, como de costumbre, después de contarme sus motivos de su habitual tristeza, le doy mis consejos y técnicas para poder llevar una vida sana, feliz y exitosa.
-Claro Féliz, para ti todo eso de estar bien se te hace demasiado fácil , tienes veinte años y ya has escrito el libro de auto-ayuda más leído de toda España, pero mis venas, al contrario que las tuyas, no presencian dopamina en cada mililitro de sangre que tienen.

-Pedro, no dramatices la situación, desde pequeño me han llamado Féliz en vez de Félix y todo esto me ha llevado esfuerzo, además sabes que estoy en tercer año de psicología, ya verás que en cuanto empieces a seguir mis técnicas verás la vida con otros ojos.

Llegamos a la uni y al terminar las clases me quedo explicando a mis mejores amigos (que resultan ser más de la mitad de la clase) todos los términos que nadie excepto yo había conseguido pillar a la primera, la verdad que si tienes una actitud positiva, tu día a día mejora en todos los sentidos.
Cojo el bus y me voy al barrio de las seiscientas. Allí busco a Juana, una mendiga con la que llevo comiendo a esta hora durante los dos últimos años y le entrego el menú que le había preparado para el almuerzo.

-Féliz, me gustaría contarte que cada noche le rezo a Dios para que mis hijos aprendan de tu optimismo, Bryan está muy contento desde que le traiste tu ordenador y Jose ya ha aprendido a leer el libro que le regalaste.

-Las gracias te las debería dar yo Juana, no sabes todo lo que aprendo de ti con nuestras charlas.

Después de mi quedada con Juana me voy a trabajar y como no, debido a mis modales y buenas formas consigo triplicar mis ganancias gracias a las humildes y no tan humildes propinas que me acaban dejando mis clientes. ¿Es que no se enteran de que no soy camarero y que ya me están pagando por mi trabajo? Pero no, ellos me siguen recompensando, a pesar de saber que me estoy forrando con el libro que he escrito, prefieren malgastar su dinero en ayudar a un adolescente por el mero hecho de tener más carisma que el propio Luther King.

Justo mientras se pone el sol, me dirijo hacia el médico y me siento a esperar en la sala de consulta.
-¿Félix Manuel Vargas?
-Soy yo
-Vale, ya tenemos los resultados de la última consulta, temo comentarle que padece de trastorno depresivo mayor, tenemos que movilizarle ahora mismo hacia el centro psiquiátrico por su propia seguridad.

Al final Féliz no vio su película, pero para la que ya tenía montada tampoco le fue necesario.


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