miércoles, 4 de marzo de 2020

Recorrido por mis tangentes

Debo confesaros algo: Nada de lo que quede descrito aquí tiene garantía de verdad. Tal vez mi cuerpo sea el mismo cada día, milimetricamente más hinchado, sutilmente más fatigado, pero mi percepción es una maldita montaña rusa, llena de curvas y caídas libres. Lo que sí puedo aseguraros es que tras cada tangente, elipse y algún que otro vértice se esconde una historia casi tan auténtica como mi imperfección.

Pies con tendencia a ángulo obtuso que adoran caminar con fuerza, sentir como la vibración del suelo les atraviesa y continúa directa hacia mis caderas. Pies que durante muchos años se avergonzaron de usar tacones. Así eres demasiado grande, susurraban desde fuera del cuerpo otros cuerpos acomplejados. Corría el año 2015 cuando se calzaron unas buenas cuñas y juntos, les pateamos la boca obligándoles a tragarse sus opiniones.

En mi ingle derecha hay una cicatriz que debió ser pequeña. Tal vez debería haber hecho caso a los médicos y guardar reposo durante tres días. Pero debía hacer tantas cosas por entonces, que al final, como siempre, no pude permitirme el lujo de descansar. Y ahí está ella, una línea curva de alrededor de tres centímetros recordándome mi pasión por experimentar y aprender. Por mi afán de no dejarme nada por vivir,

Entramos en zona de curvas. La primera es la más pronunciada, mi preferida. Eso si, como todo en la física, debe ser compensada. En estado de reposo, el sumatorio de fuerzas es igual a cero. Newton predijo mi marcada curva lumbar. Y claro, mi médico, bien sabido de ello me mandó salir de mi habitual estado de reposo. Así descubrí mi gusto por la natación y el deporte. 

En la línea del sujetador está el tatuaje que nunca he atrevido a hacerme. Las fases lunares. El ciclo. Renacer del vacío. Desmontar la realidad. Volver a crearte. Yo.

La curva sutil de mis pechos, esos que tanto odié y oculté. Estuvieron muchos años tras el cojín. Pero fueron igual de rebeldes que sus hermanos los pies y lograron liberarse. Ahora adoran los bralettes y los suéteres gruesos bajo los que ser ellos mismos.

Al lado izquierdo de mi nariz hay un lunar. O más bien, un solar, porque suele ser el centro de atención. Me hace especial y ese es el motivo por el que me gusta tanto. Diferente. Raro. 

Aún queda mucho por recorrer, explorar y reconocer(me). Los años lo harán cambiar, y le pintarán nuevas historias que contar y compartir. 

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