12 de mayo de 2067
Papá, ¿por qué hay tan pocos niños en el mundo?
Mira, hijo, le dice el padre mientras le arropa en la cama.
Hace más de cuarenta años hubo una pandemia. Todos los habitantes del planeta
tuvimos que ser encerrados en nuestras casas
durante varios meses. El resultado fue que, un año más tarde, la natalidad
aumentó exponencialmente en el planeta. Fue otro Baby-boom. Millones de niños nacieron como fruto de aquel
confinamiento.
¿Y eso es malo, papá? El padre aprovecha la pregunta para
beber de una pequeña petaca que saca del bolsillo del batín.
Todo es bueno mientras no sea en exceso. Desde ese momento,
los gobiernos del mundo decidieron aplicar la “política del hijo único”. Quien tuviera
más de un hijo, pasaría a tener un “niño negro”, así se llamó: sin acceso a la
educación ni a la sanidad; sin acceso a un pasaporte o a un trabajo legal.
Nada. No existía.
El padre se enciende un
cigarro que provoca inmediatamente una tos seca en el hijo.
Ahora, medio siglo más tarde,
la población ha envejecido tanto que no hay quien mantenga la económica del
país. Falta gente joven que trabaje. Los gobiernos han decidido premiar a quien
tenga dos o más hijos. Pero la gente ya no quiere tener hijos.
¿Y por qué no quieren tener
hijos?
Las parejas ya no se creen
aquello de: “Tener un hijo es la mejor experiencia de tu vida. Amor en estado
puro”. Ya nadie quiere esa responsabilidad de por vida. Esa carga física y
emocional…. El padre da un largo trago a su petaca. La sociedad ha visto que
una vida sin hijos es una vida plena: tiempo para ti, tu pareja, tus amigos.
Por eso mamá se marchó. Ella era feliz junto a mí. Pero yo me sentía vacío solo
con ella, por eso quise tenerte.
¿Y dónde está mamá ahora? El
padre se queda mirando a su hijo unos segundos. Se pone en pie.
Apaga el
cigarro dentro de la petaca y le responde.
Está en Benidorm, con tío
Larry. En unas constantes vacaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario