miércoles, 8 de abril de 2020

MATRIX


MATRIX
Ni en nuestros mejores sueños pudimos imaginar que sería tan fácil. Sin disturbios ni violencia. Sin apenas discrepancias. Y sin posibilidad de vuelta atrás: totalmente irreversible. Hemos cambiado la estructura social y las relaciones de poder a nivel global. De golpe y para siempre.
Tengo que reconocer que no fue del todo planificado, aunque algunos ya intuimos la oportunidad desde los primeros días de la pandemia: es lo que tiene haber estudiado el desarrollo del nazismo o de la revolución bolchevique. Claro, nosotros hemos tenido la enorme ventaja de tener internet y las redes sociales frente a herramientas de manipulación tan rudimentarias como la imprenta o la radio, que fueron la base de aquellos experimentos totalitarios. Ellos tampoco contaron con una estructura de multinacionales de comunicación a nivel mundial, que entendieron el problema desde el principio y ofrecieron su interesada colaboración a los gobiernos. Así surgió La Corporación, una simbiosis perfecta entre el poder político y el económico para el control total de los ciudadanos.
Todos sabíamos que era necesario reducir la población mundial y limitar el consumo desaforado de recursos, que no podían ser sostenidos ni siquiera veinte años más. Y lo hemos conseguido, sin demasiadas muertes, sin caos ni revoluciones. La casualidad nos ha puesto la solución delante y la hemos sabido aprovechar
Al principio temimos que los ciudadanos se hartarían de estar en casa, que se organizarían y acabarían por salir, indignados y violentos, a pedirnos explicaciones. !Qué va! desde el principio de la pandemia nuestros sociólogos se percataron que la gente estaba más contenta en casa que en la oficina o la fábrica. Es lógico: la vida que llevaban antes no era tan buena. Horarios interminables, estrés, competitividad, incertidumbres por al futuro inmediato y pánico y desesperanza frente al más lejano. Creían que el consumo compulsivo les compensaba, pero cuando empezaron a disponer de tiempo las cosas se vieron de otra manera. Muchos empezaron a trabajar desde casa sin soportar a un jefe agobiante, a los compañeros odiosos o a los clientes exigentes. Otros se liberaron de tareas penosas en las fábricas. Las amas de casa vieron, por fin, recompensado su esfuerzo. Las relaciones familiares se recuperaron y fortalecieron. Y las proclamas de apoyo mutuo, de colaboración, el juntos podemos superarlo, la alegría colectiva en los balcones….
Bueno, todo eso y un poquito de ayuda de nuestros sistemas de inteligencia artificial y los dispositivos de realidad virtual que empezamos a distribuir al tercer mes de encierro mundial. De manera totalmente imperceptible, ese wasap que mandas, el twitter o tu conversación telefónica se registran y analizan. Evaluamos si están alineadas o no con el interés general (el de La Corporación) y se manipulan sutilmente (a mí me gusta llamarlo modulación) de manera que al receptor le llega un mensaje mucho más conveniente. Automáticamente y en tiempo real. En muy poco tiempo esto crea una sensación de unanimidad colectiva muy difícil de romper. El sistema se aplica a todo, a las comunicaciones individuales y a las colectivas y permite, además, identificar y neutralizar a los individualistas irreductibles. Muy fácil, basta con hacer un test de coronavirus que saldrá positivo. De ahí al hospital y luego nadie volverá a saber de ellos mientras colaboran con la sociedad en los campos de trabajo. Alguien tiene que producir los bienes que consumen los ciudadanos de bien.
Queda el problema de la limitación de los productos, la imposibilidad de salir a espacios abiertos, viajar... Bueno, nuestro sistema de modulación de opiniones ayuda a orientar los intereses de los ciudadanos en el sentido correcto. Por otra parte, si permaneces en casa casi todo el tiempo es poco lo que se necesita, aparte de comida y productos básicos. Y los sistemas de realidad virtual que les ofrecemos son tan convincentes….
¿Y las libertades políticas? En un mundo controlado por una pandemia el debate político es totalmente superfluo y debe  supeditarse al interés general. Las decisiones  están en manos de los "expertos". Eso también lo aprendimos desde el primer momento. Siempre hemos seguido el criterio de los expertos. ¿Y quién puede discutir el juicio desinteresado de un experto?
Por eso el día del final de la pandemia no ha llegado. Y no llegará nunca. Claro que nuestros científicos  trabajan incansablemente para buscar un remedio. En nuestros laboratorios, que puedes ver en nuestros telediarios. También puedes seguir sus avances, que se publican en nuestras revistas científicas y se estudian en nuestras universidades online. Y cada año obtenemos una vacuna eficiente….para la cepa de ese año. Tras el COVID 19 vino el 20, y luego el 21. Hoy estamos ya en el COVID 24. Quinto año de un nuevo orden que durará más de un milenio.

Álvaro




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