martes, 29 de octubre de 2019

3 personajes y una violencia.



“Personaje que no siempre se muestra violento“

El hechizo propio de los Jardines del Real, edulcorado por las miradas de Adela, turbaban aquel  momento ajeno al acecho de su entorno.
Una mano ruda me tapó la boca. Estábamos siendo atracados.
Yo, habitualmente mantengo la sangre más bien fría, incluso en aquel accidente de tráfico me mantuve imperturbable mientras llamaba a la ambulancia  y controlaba la situación. Nunca solté un chillido en  las pelis de terror. Pareciera ver siempre la escena desde fuera.
En esta ocasión mantuve la calma, querían que les diéramos el dinero y los relojes. Eran dos, uno de ellos blandía una navaja junto al cuello de mi amor. Ella rompió a gritar en pura histeria desgarradora. Como un resorte cogí la navaja por el filo, los rateros huyeron prestos. Desaparecieron en el entresijo arbóreo, lejos, allá donde el griterío no les alcanzaba, sólo los pájaros, con sonara algarabía, recordaban el incidente.
En la rueda de reconocimiento, otros ladronzuelos se peinaban con descaro frente al espejo que nos ocultaba. ¡No eran ellos! Una rabia apretó mi puño abriendo una herida mal curada. La ira escaló mi enojo para sacar todos los demonios fuera de mi. Las patadas desmerecían cualquier raciocinio, el intelecto, sumergido en niveles primigenios de conducta animal, no veía con claridad entre tantos malos humos.
Unas palabras de Adela a mi oído acariciaron mi corazón, batiéndose por fin  en retirada.


“Personaje que acaba de perder a su pareja”


Hoy me he peinado con esmero, la ducha me ha dejado relajado. Mi pelo negro brilla húmedo, el calor del baño colorea mis mejillas. Un brillo especial asoma en mi mirada. Estaba a punto de encontrarme con ella, el amor de mi vida, siempre presente en mis sueños. Desde la primera caricia de sus dedos, quedé tocado.

Bueno, ¡Ya casi es la hora! Me calzo mis mejores zapatos, visto un traje azul marengo impecable. Esparzo  perfume a distancia. ¡Es el que siempre le gustó!

Ya estoy con ella. Su marido me ha permitido acompañarla. Hemos salido a la calle junto a sus hijos. Una lágrima ha rodado por mi mejilla mientras izábamos a hombros el ataúd de mi siempre amada Adela.




 “Personaje que en el pasado recibió golpes”


--Cuando yo diga ¡ya!, salimos todos a la vez.
Y así lo hicimos. Cogimos nuestras almohadas, y en tropel, irrumpimos en la habitación contigua del internado. Las guerras de almohadas eran habituales y muy divertidas.

Había un compañero grandote y fuertote. De un mamporro podía estamparnos a todos juntos, había incluso ganado el campeonato de España de lanzamiento de martillo. Contra éste me fui yo. Resulta que si le chillabas se acurrucaba, se encogía y se protegía mientras le atizabas con la almohada.

Tal vez de pequeño le chillaron y pegaron y a lo Paulov mostraba un condicionamiento reflejo de protección ante un estímulo de chillidos.

Hoy es guardaespaldas y “segurata” de discoteca con aspecto de matón, pero en su interior conserva el encanto de la fragilidad.

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