Aquella mañana mi hermano y yo no fuimos al colegio. La razón no la recuerdo en realidad. Pasamos aquellas horas con nuestro iaio, caminando y paseando por la ciudad. Uno de los lugares que visitamos fue la Feria del Libro. Allí mi iaio compró "Los Versos Satánicos", de Salman Rushdie. Un libro muy polémico en aquella época, por cuyo autor estuvo en peligro de muerte incluso.
Una vez en la calle, mi iaio, sabedor de esta circunstancia y haciendo uso de su sentido del humor, iba dejando ver el libro, no de forma evidente pero sí palpable, y decía cosas como "Venga, a ver quién me dice algo". Mi hermano era muy pequeño y no entendía bien la ironía de mi iaio, pero yo sí conocía las circunstancias que rodeaban a aquel libro, así que lo miraba con una mezcla de sonrisa en la cara y temor de que efectivamente alguien le dijera algo (y no precisamente positivo).
Una mujer, al cruzarse con nosotros, se paró. Me fijé cómo observaba a mi iaio, ella sí con una expresión ampliamente divertida que parecía decir "me estás alegrando este día tan nefasto que estoy teniendo".
Son cosas como esta las que hicieron a mi iaio una persona que no podía despertar más que jovialidad a su alrededor.
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