domingo, 20 de octubre de 2019

Perdido en la playa



Resulta extraño volver a pensar en ti, pero eres el protagonista de uno de los recuerdos más bonitos que tengo. 

Si te soy sincero, no sé ni el año, ni el momento, ni si de verdad sucedió todo lo que recuerdo. La mente juega tanto con las personas que al final somos nosotros mismos los que acabamos diseñando y retocando todos los momentos vividos.

Era verano y una playa y cometas y gritos y gente. Gente, mucha gente, gente durmiendo, bañándose, orinándose en el agua, gente viendo otra gente y haciendo cosas típicas que hace la gente en la playa.
Fíjate de las cosas que había ese día....

Butacas y sombrillas, comida y chiringuitos, cartas y cervezas, arena y oleaje.... Palas y rastrillos usados para hacer mazmorras y castillos y muros. ¿Muros? Sí muros, muros débilmente gigantes que, al contrario de la mayoría de muros que conozco, éstos sí se disolvían y desaparecían después de un tiempo.
Fíjate de las cosas que había ese día.... Que al final nos perdimos.

Perdidos totalmente, yo, sin tener móvil porque acabaría de cumplir 8 años y tú, quejándote todo el rato,
que seguro que les estaba pasando algo a las mujeres y seguías insistiendo en no querer ninguna ayuda.
Como se notaba que empezabas a tener Alzheimer.

Nunca pude conocer la verdadera faceta tuya, esa de la que todo el mundo habla y ahora más que nunca, aún así, sí pude conocer la persona entrañable, la viva, la sonriente, la graciosa... 
Esa que me preguntaba si los espaguetis eran fideos o si yo también me quitaba la dentadura para dormir.
Ahora mismo lo pienso y ese paseo se me hizo interminable, pero si pudiera volver hacia atrás no dudaría ni un segundo.
Un segundo para estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero.
Tan solo un segundo para despedirme.

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