martes, 22 de octubre de 2019

Superhéroes de plástico




Mi primo y yo estábamos en esa edad en la que un niño piensa que las niñas no sirven para nada; sus juegos son demasiado ñoños y cursis y los nuestros demasiado arriesgados o violentos para ellas. Esa tirria hacia las chicas era aumentada por culpa de Clara, nuestra vecina, una niña dos años mayor a quien le gustaba burlarse de nosotros porque no sabíamos nadar.

El recuerdo más nítido que tengo de mi infancia es el de una mañana de agosto. Mi primo y yo estábamos de pie frente al borde de la piscina del chalet de mis padres lanzando a nuestros superhéroes de plástico al agua. Curiosamente, los que tenían capa, como Superman, Batman o el Dr. Muerte, flotaban bocabajo en la superficie del agua, y nos parecía que estuviesen volando, mientras observaban cómo iban hundiéndose en el fondo el resto de muñecos que tirábamos. Por esto, nosotros llevábamos, a modo de capa, nuestra toalla anudada alrededor del cuello.

Por qué Clara entró en el chalet, llegó hasta la piscina y empujó esa mañana a mi primo a la piscina, es algo que nunca sabremos. Yo me quedé mirando cómo se iba hundiendo mientras él no dejaba de agitar sus brazos y piernas. Yo esperaba que saliera a flote igual que mis superhéroes con capa, pero la toalla no hacía más que hundirlo más. 

Fue mi padre, que estaba en el cuartucho donde se encontraba la depuradora de la piscina, quien escuchó un chof seguido de un silencio demasiado largo. Salió corriendo y vio a mi primo en el fondo del agua rodeado de pequeños superhéroes de plástico. Se lanzó y lo sacó. Deshizo el nudo, le quitó la toalla del cuello y, una vez comprobó que solo había tragado un poco de agua, me miró, enfadado, como nunca lo había visto, y me dijo:

-         - ¡¿Pero se puede saber qué coño has hecho?!

Yo me quedé mirando a mi padre y, apuntando con el dedo a la toalla empapada, le dije:

-        -  Esa capa está rota.



FIN

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