miércoles, 13 de noviembre de 2019


La última parada
—Anna, el tren está parado.
—¿Max, me has despertado para decirme esto?
—Sí y no. Creo que pasa algo extraño. Quería hablar con la azafata, pero no ha habido manera de encontrarla.
—Puede que esté en el vagón restaurante. ¿Qué hora es?
—Son las diez. Y, por cierto, miss Marple, también he mirado en el vagón restaurante y no había nadie allí. 
Subí la cortinilla, nos encontrábamos en mitad de la nada. La débil luz de la luna iluminaba una superficie nívea. Fuera ululaba el viento y los copos de nieve se pegaban al cristal formando extraños dibujos.
            —Max, ¿has visto cuanta nieve ha caído? Estarán en las vías limpiando.
            —¿Todos? ¿Y las azafatas y los del vagón restaurante?
            —Sí, Max, todos, y, si quieres, puedes unirte a ellos, yo solo quiero dormir.
            Nos despertamos a las nueve en punto. El tren continuaba parado. En el compartimiento hacía un frío glacial. Abrí la puerta esperando oír las protestas de los demás pasajeros y me encontré con un silencio sepulcral. Salimos a investigar.
            El compartimiento de la azafata estaba vacío. En el vagón restaurante tampoco había nadie. Sobre las mesas había platos empezados aún humeantes.
            —Esto parece un maldito Triangulo de las Bermudas.
            —Tranquila, ahora averiguaremos qué es lo que pasa. Quizás alguien de los pasajeros sepa algo.
            En principio, llamábamos a las puertas, luego las abríamos sin avisar para encontrar otro compartimiento vacío. La ventisca aullaba y gemía como una manada de hienas. De vez en cuando se detenía para recuperar fuerzas y volvía a atacar con más furia.
            —¿Dónde están todos? ¿Qué pasa?
            —No tengo ni idea, Anna, pero esto no es normal. Es imposible que todo el mundo haya desaparecido de golpe. ¿Y si es la cámara oculta?
            —¿No te parece que el espectáculo se está haciendo demasiado largo? Me estoy congelando.
            —Vamos a mirar en la cabina del maquinista, a lo mejor hay alguien dentro.
            Avanzamos por los angostos pasillos hasta dar con la puerta de la cabina de mando. Max llamó tímidamente, luego con más insistencia y finalmente dio una fuerte patada y la puerta se abrió. Nadie. Solo un cigarrillo recién encendido.
            —¿Qué te he dicho? Ves, es la cámara oculta. Los muy cabritos se esconden para no estropear el show.
            —¿Y ahora qué hacemos? ¿Esperamos hasta que aparezcan los del programa y nos saquen de aquí? ¿Qué planes tienen para nosotros estos locos? Me estoy convirtiendo en un muñeco de nieve.  
            —Tenemos que encender un fuego para calentarnos, volvamos a nuestro compartimiento.
            Hicimos un montón con las sábanas y Max buscó instintivamente el mechero en sus bolsillos.
            —Mierda, no tengo nada con qué hacer fuego. Has sido tú con tu rollo del fumar mata. Ahora nos moriremos congelados porque no llevo un puñetero mechero encima.
            —¿Me echas la culpa? No olvides que estamos aquí por tu mamaíta. Desde que la operaron cada año tenemos que ir a rendir homenaje a su vesícula biliar extirpada y siempre tiene que ser vísperas de Navidad. ¿Cómo puede doler algo que no existe?
            —Déjala en paz. Es mi madre. No digas nada de lo que puedas arrepentirte luego.
            —¡Claro! Si esto es la maldita cámara oculta y estamos en directo. Hola, Elena Mijaylovna— saludé con la mano a mi invisible suegra—. No se lo tome a pecho, la quiero mucho. Mire, me he puesto esta bufanda de lana de angora que usted tejió para mí. Es tan suave, tan calentita. Espero que no se convierta en una pitón.
            —Déjate ya de tonterías. Vamos a buscar un mechero.
            No encontramos nada que pudiera servirnos para prender fuego, pero en el último compartimiento había dos pares de esquís. Antes no estaban allí. Comprendimos que era una pista para el siguiente paso de nuestra aventura.
            —Te he dicho que era la cámara oculta. Alguien los ha dejado para nosotros, incluso, son de nuestra talla.
            Abrimos las puertas ayudándonos con palos. Vislumbramos una casa en la lejanía.
            —Querrán que vayamos hasta allí. Tenemos que darnos prisa, hay que llegar antes de que anochezca.   
Nos pusimos en marcha. El frío penetraba nuestros huesos, los dientes nos castañeteaban, los ojos lloraban y las lágrimas se convertían en hielo.
            — Aguanta, Ania, la casa no parece estar tan lejos. Más vale que luego nos espere un buen premio porque si no, esos listillos de la televisión se van a enterar.
            Pero nunca llegamos a aquella maldita casa. Parecía que nuestra meta estaba viva y se alejaba cada vez que ya estábamos a punto de alcanzarla.
            —Que os den, cabrones, si le pasa algo a mi mujer, os mato. Vamos, nena, volvamos al tren.
            Dimos media vuelta y vimos que no nos alejamos nada del tren.
            —¿Pero qué puñetera rueda de hámster es ésta?
            —Serán efectos especiales porque, según tú, esto es un jodido show.
         —Pues fin del juego, que caiga el telón, no quiero participar en ninguna cámara oculta. Queridos espectadores, disculpen las molestias. —Max se inclinó en una reverencia.
            De repente, el escenario se llenó de otros personajes. Coches de policía, ambulancias, luces estroboscópicas, gente corriendo, periodistas… Nos dirigimos hacia nuestro coche y vimos dos camillas cubiertas con sábanas encima de la nieve. “Son las nueve de la mañana y estamos en el lugar de un atentado terrorista que ocurrió alrededor de las diez de la noche en el tren Moscú-Novosibirsk. El equipo de rescate acaba de recuperar los cuerpos de los dos últimos pasajeros…”
            Una ráfaga de viento levantó una de las sábanas y reconocí la bufanda de lana de angora que me había regalado mi suegra.
            —Max, ahora sé quien dejó los esquís.
            —¿Quién?
          —La Muerte. La vieja se burlaba de nosotros. Le hacía gracia ver cómo intentábamos escapar de nuestro destino.
            —No es verdad, nena, es solo un show, un maldito show.   
           
           
           




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