PERSONA
VIOLENTA (PERO NO SE MUESTRA VIOLENTA SIEMPRE, SINO SOLO ANTE
DETERMINADAS PERSONAS Y EN CIERTAS CIRCUNSTANCIAS)
El
comportamiento habitual de Tatiana no infundía miedo. No era ni
mucho menos jovial, es cierto, pero sí de trato correcto. Sin
embargo, no sabemos qué cable cambiaba de conexión allí dentro de
su cabeza cuando algo realmente le ponía furiosa y aparecía esa
expresión airada en su cara, expresión que era evidente hasta para
el menos observador. De ahí a la acción agresiva no pasaban
demasiados segundos. Cuando era una persona el objeto de su ira, ya
podía reaccionar con rapidez y decisión, si quería reducir la
probabilidad de verse en una situación realmente dolorosa (en lo
físico, desde luego, pero también quizá en lo psicológico, ya que
los insultos proferidos por Tatiana no eran cosa menor). Conociendo
esta singular característica de Tatiana, las dos cicatrices que se
mostraban en su brazo derecho bien podrían perfectamente ser fruto
de la defensa por parte de alguna víctima.
PERSONA
QUE HA PERDIDO A SU PAREJA POR DEFUNCIÓN
Los
ojos nunca se fijaban concretamente en nada. Unas más que patentes
ojeras habitaban bajo ellos y remarcaban aun más si cabe lo perdido
de su mirada. Su manera de caminar era pausada, con los hombros algo
caídos, y arrastraba ostensiblemente los pies por el suelo; desde
luego, no era el modo de desplazarse de alguien que tuviera urgencia
por llegar a ningún sitio, podría decirse. Vestía pantalón,
cinturón y camisa negros, complementados por un par de calcetines de
un tono gris apagado y unos zapatos de un color azul marino algo más
vivo que el resto de la vestimenta descrita; todo ello, además, con
un aspecto raído que acentuaba la apariencia sombría
de aquel ser humano. Siempre tardaba un par de segundos
en responder si es que se le preguntaba algo, y siempre con frases
cortas y de poco contenido; de hecho, en alguna ocasión incluso la
pregunta había de hacerse por segunda vez.
PERSONA
QUE FUE OBJETO DE BURLAS Y SUFRIÓ DISCRIMINACIÓN EN EL PASADO POR
SER COMO ERA (PEQUEÑO, CON ACNÉ, GORDO, TARTAMUDO, ETC.)
Las
marcas en su cara denotaban que, dermatológicamente hablando, algo
no había ido bien en el pasado sobre esa piel. Un metro y sesenta
centímetros escasos en una persona joven de unos treinta años
hablaba a las claras de que nunca había sobrepasado esa altura.
Alrededor de noventa kilos, quedándome corto, se acumulaban en su
cuerpo. Así era el hombre al que tuve que atender aquella mañana en
la carnicería y que cada vez que me pedía algo no me miraba a los
ojos o, si lo hacía, era con un vistazo rápido y esquivo. Hablaba
con voz tenue, tanto que en alguna ocasión me costó entenderle. Después de pagarme, recogió las bolsas con lo que había
comprado y se dio la vuelta para marcharse, con tan mala fortuna para
él que chocó con una mujer bastante alta que esperaba detrás para
ser atendida. Reaccionó dando un poco sutil codazo al aire, como si
quisiera soltarse de alguien que estuviera sujetándolo, razón por
la cual una de las bolsas cayó al suelo. Cuando la recogió, salió
del local con cierta celeridad, mirando al suelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario