martes, 12 de noviembre de 2019

TIEMPO CONFUSO



A pesar del fuerte viento que sacude nuestro coche, de la cantidad de objetos esparcidos por la estrecha carretera y de la lluvia incesante que dificulta la visión, conduzco relativamente tranquilo, confiado en la habilidad que creo tener al volante. Sin embargo, no transmito esa seguridad a mi amigo Pedro, que, sentado en el asiento del acompañante, muestra una actitud corporal muy tensa, con los ojos bastante abiertos y sin dejar de fijarse en la carretera.
Le digo que se tranquilice, que la tormenta no durará mucho tiempo y que pronto llegaremos al restaurante, donde deben de estar esperándonos los demás. Pero él no deja de echarme en cara que con este tiempo endemoniado deberíamos habernos quedado en casa y no haber acudido a la comida.
A lo lejos distingo un objeto que parece ocupar todo el ancho de la carretera y cuando llegamos a unos pocos metros de él se confirman mis sospechas: un tronco que ha caído y hace imposible el paso. Ni que decir tiene que el nerviosismo de Pedro va en aumento.
Recuerdo que unos cien metros antes he visto una bifurcación, así que doy marcha atrás para intentar llegar a ella y buscar una salida. Pero no llevamos ni dos metros recorridos cuando otro tronco cae sobre la carretera y la corta también por ese lado. Estamos dentro de un coche retenido entre dos perversos troncos, asediados por una lluvia que coquetea con la posibilidad de convertirse en granizo y con un viento que agita nuestro coche como si fuera una coctelera en manos de un gigante.
Cuando ya se me acaban los argumentos para intentar calmar a mi amigo, cierro los ojos y, sin poder soportar por más tiempo sus reproches y su voz cada vez más elevada, se me ocurre impulsivamente darle un beso en toda la boca, con punta de lengua incluida. Sería esperable dar una respuesta lógica a quien me preguntara por qué lo hago, pero, con sinceridad, no podría darla. Pedro se calma un poco, quizá por la confusión que le ha producido lo que acabo de hacer que por otra cosa, porque no me dice nada y me mira muy sorprendido durante unos segundos; pero en seguida vuelve a recuperar parte de su agitación. No sé lo que me dice, su voz me llega confusa e imprecisa, como si yo estuviera sumergido en agua y él fuera de ella hablándome. Ese beso me ha trastocado bastante: no lo he encontrado nada incómodo. De repente me encuentro en este pequeño espacio encerrado con un hombre al que veo con otros ojos, con unos ojos con los que no le había visto hasta ahora. El desorden en el exterior del coche es solo un poco superior al que yo siento en ese momento dentro de mí. Espero que escampe pronto para poder salir de aquí y asegurarme que algo que ha durado apenas tres segundos no pueda cambiar las verdades que creía incuestionables. ¿Pero y si las cambia?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Textos para lectura previa de cara a la última clase

TRANSIRAK MR.PERFUMME ¿Quién podría amar a una medio máquina? ¿Quién sería capaz de bucear bajo su gruesa capa de metal? ...