domingo, 26 de enero de 2020

CLEOPATRA


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          -  Escucha, Renato- le digo mientras termino de pintarle de rojo la cara-. Trata de hablar poco. Y, si lo haces, pon la voz grave, como yo la tengo.
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-     - Así te parece bien, Juanjo- dice Renato copiando mi voz como el mejor imitador.

-          - Perfecto. Hasta mi madre creería estar hablando con su propio hijo. Y, recuerda, llámala por su nombre: Mercedes. Nada de “linda”, ni “chiquilina”, ni cursiladas de esas- cojo el tocado indio de plumas y se lo pongo-. Ella sabe que siempre la llamo por su nombre de pila.

Renato me mira dudando del plan. Yo, inmediatamente, le cojo por los hombros y le miro de frente.
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-        - Confía en mí. Estoy seguro de que ella siempre ha sentido algo por mí. Ya has visto cómo nos reímos siempre, cuánto conversamos, cómo me mira. Siempre busca que nuestras manos se toquen.

-         -  Entonces, amigo, ¿por qué no vas y te declaras tú?

-        -   No. No puedo. No me atrevo- le digo girándome y mirando por uno de los ventanales que dan al jardín-. ¿Y si para ella solo fuese el amigo de su hermano? ¿Y si para ella solo fuese un viejo señor al que, quizá admira, pero no desea?

-         -  Pero acabas de decirme que ella…

-        -  Da igual lo que yo diga- interrumpo a Renato -. Un hombre enamorado no ve la realidad porque mira con la fe ciega del corazón. Si me rechazase, si le mostrase mis sentimientos y ella saliera corriendo, no podría volver a mirarla a los ojos. Y antes que eso, prefiero la muerte. Por eso necesito que me hagas este favor.

Los invitados  recorren curiosos el jardín, con ese derecho a observar y ser observados que solo un disfraz otorga bajo el anonimato de las máscaras. Renato apoya la mano en mi hombro. Me giro cara a él.

-        -  De acuerdo, Juanjo- me dice recuperando la confianza-. Esta noche bailaré con ella, le diré su nombre al oído, la llevaré al jardín y la besaré.

-          -Y si Mercedes te corresponde en todo, como espero que sea, entonces te quitarás tu plumaje y tus pinturas rojas…

-          -Y ella- continua Renato relatando el plan-, cuando vea que soy yo, se enfadará y…

-          -¡Exacto! Te dará una bofetada, ¡plas! Porque pensaba que el piel roja era yo, Juanjo, su amor platónico. Y entonces apareceré tras los setos, como un héroe, para salvarla de tus obscenas manos y tu falsa máscara.

-         - Y me empujarás y…

-          -Y maldeciré que hayas nacido. Y desearé que te vayas pronto de este mundo por aprovecharte de la inocencia de una niña - digo terminando de peinarle con mis dedos las plumas-. Y Mercedes, entonces,  se lanzará a mis brazos y ya nunca más podrá separarse de mí.


FIN

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