miércoles, 22 de enero de 2020

METAMORFOSIS


Comprueba que su aspecto es impecable en su reflejo sobre los cristales de las puertas del juzgado. Posee una elegancia natural, por lo que luce de manera espectacular esa ropa lujosa de marca que acostumbra a vestir. Es un hombre atractivo que no pasa desapercibido. Al entrar, reparte saludos afectuosos a todos los que se cruzan con él. Deja una estela de sonrisas hasta llegar a su despacho mientras un halo de su perfume lo invade todo.
—¡Buenos días, Manuel! ¿Qué tal se encuentra su mujer? —le pregunta al Guardia Civil que controla el acceso.
—Mucho mejor, señor. Parece que ya ha pasado lo peor. Muchísimas gracias.
—Me alegro.
Desde hace diez años, Marcos es juez de lo Penal. Los funcionarios le adoran. Se ha ganado el respeto tanto de abogados como de fiscales. Siempre imparte justicia con equidad. Nadie duda de su valía profesional ni de su calidad humana.
—¡Lourdes, buenos días! A ver si con un poco de suerte tenemos una mañana tranquila. —comenta con la secretaria del juzgado al llegar.
—¡Eso espero, señoría! Últimamente llevamos un ritmo de trabajo frenético.
—Tienes razón. Hace tiempo que no nos dan un respiro. Menos mal, que este equipo funciona a la perfección y los resultados son excelentes.
            Al finalizar su dura jornada, le gusta comer en su restaurante favorito. El chef conoce sus gustos y siempre es bien recibido. Se deleita con platos exquisitos que le hacen olvidar los terribles casos que lleva entre manos. Después, al llegar a casa, se relaja un rato con una copa en la mano y escucha sus óperas preferidas.
            Siempre se lleva trabajo a casa. Necesita estudiar bien las pruebas documentales y las testificales. Debe asegurarse de que no se le escapa ningún detalle, antes de dictar sentencia. A pesar de todo lo que han visto sus ojos, hay casos con los que se estremece. Le resulta muy difícil soportar tanta crueldad. Toma una copa tras otra hasta perder la noción del tiempo y, a veces, el conocimiento.
            La mayoría de las noches, cuando despierta, no sabe dónde ha estado ni lo que ha hecho, pero hoy, se asusta al ver sus manos ensangrentadas.
—¡Madre mía! ¿Qué es esto? —se pregunta—. Si no estoy herido, ¿de quién es esta sangre?
            Corre a lavarse al cuarto de baño. Al encender la luz, suelta un alarido. Tiene la cara llena de salpicaduras de sangre.
—¡Dios mío! ¿Qué he hecho?
            Temblando de miedo y lleno de estupor, se despoja de la ropa y se mete bajo la ducha. Deja que el agua caliente purifique su cuerpo durante un buen rato. Ve deslizarse un reguero rojo serpenteando por la bañera hasta alcanzar el desagüe.
            Cuando recupera la calma, se pone el albornoz y se deja caer sobre la cama. No puede dejar de pensar en lo sucedido y no lo comprende. Revisa las notificaciones de su móvil, una a una. No hay nada. Está a punto de dejar su teléfono, cuando descubre en la galería un vídeo que no recuerda haber grabado.
            Al visionarlo, aparece una calle solitaria y una mujer que huye. El que la persigue acelera sus pasos hasta darle alcance. Rodea su cuello con un brazo y aprieta hasta dejarla inconsciente. No deja de grabar mientras la arrastra a la oscuridad de un callejón. Marcos, mira la pantalla horrorizado. La mujer permanece desvanecida en el suelo. Su agresor se abalanza sobre ella, la desnuda y la viola sin piedad.
            De repente, destella la luna sobre la hoja de una navaja. Marcos, grita que se detenga, pero no sirve de nada. Ve cómo salpica la sangre el objetivo cuando el agresor le raja la garganta. Luego, escucha un gemido animal, como de placer. Poco a poco, aparece su rostro frente a sus ojos. Del susto, Marcos da un respingo, suelta el teléfono y se derrumba sobre el suelo.
            Es noche cerrada y apenas hay unas pinceladas de luz, pero le parece reconocer al agresor al escuchar su voz cuando dice: Y ahora, ¿Qué me vas a hacer?
No puede creer lo que ve.
—¡Es imposible! ¡Debe de ser un error! —grita tapándose el rostro— Insiste en que, aunque aquella parezca su cara, él no tiene esa mirada cruel.

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