jueves, 30 de enero de 2020

Payasos de mil formas

La verdad que estaba nervioso, y para no estarlo, todavía no entiendo como soy tan puto desastre.
Para empezar, me había dejado el traje de mago y tuve que llevar puesto el traje de payaso que solía usar mi padre. Ya era la tercera vez que me habían pillado el truco, se supone que me pagaban 50$ por entretener a esta panda de pijos y lo único que conseguía era ridículo y más ridículo.
Seguí sin rendirme y le hablé a la persona más callada de la fiesta, un chico que llevaba el disfraz más cutre de todos.
-Hola querido elefante, ¿te gustaría presenciar un espectáculo de magia?

Nuestro querido y desarrapado primate al oír esto se quedó petrificado, por fin le hablaba un solo ente en toda la fiesta que no mostraba una mueca de asco al mirarle a los ojos. Él ya tenía muy claro que con su disfraz no había acertado del todo, pero nunca se habría imaginado que lo tratarían de esa manera.

-Amigo, voy disfrazado de chimpancé, debería tener más profesionalidad a la hora de tratar a la gente. ¿Podría meterse la baraja por el culo un rato?

-Bueno, por lo que acaba de decir, veo que necesita un poco de magia, ¿le gustan los trucos con monedas? ¿Sí? Vale perfecto, porque fíjese que aquí tengo una baraja de cartas. Va a coger una totalmente al azar, firmarla y perderla por el mazo.
La vida no está tan definida como este paquete de cartas, muchas veces pueden pasar cosas que nunca esperamos hasta acabar formando un desorden completo (en ese momento empecé a barajar las cartas, primero boca arriba, luego alternando ambos lados y finalmente acabé destrozando con mis propias manos cada fina capa de plástico con la que se había formado cada naipe).

Como ve, no todo sale perfecto, pero con magia, podemos conseguir que todo lo que nunca antes nos hubiéramos replanteado, empiece a generarnos un escaso escondrijo de duda en nuestras cabezas.

El señor mono sabía que el mago no había terminado su truco pero eso no le detuvo para mirarle fijamente a los ojos, cogerle la mano y, finamente, abalanzarse sobre el mago vestido de payaso y comerle la boca en frente de toda la fiesta.

Al llegar a su casa, el señor mono encontró la baraja recompuesta que había usado su amante, sabía que era la misma baraja porque había una carta firmada.
¿Y cómo sabía que esa era su carta?
Porque en ella, con su propia caligrafía, se podía leer perfectamente el nombre de Juanjo García.












No hay comentarios:

Publicar un comentario

Textos para lectura previa de cara a la última clase

TRANSIRAK MR.PERFUMME ¿Quién podría amar a una medio máquina? ¿Quién sería capaz de bucear bajo su gruesa capa de metal? ...