jueves, 5 de marzo de 2020

CICATRICES
Es curioso la facilidad que tiene el olvido para no reparar en acontecimientos irrelevantes y poco a poco desvanecer aquellos que más te impactaron hasta resumirlos en abstracciones simples en nuestro imaginario.
La cicatriz sin embargo permanece obstinada marcando el territorio que un día desgranó dolor. En mi carne abierta sufrí 5 operaciones, también en mi cerebro se abrieron brechas de incomprensión que trazaron un mapa de problemas irresolutos que solo restañaría tiempo después asumiendo en plena introspección mi propia humanidad.
El tiempo también se atrevió a rasgar aquella tersa mirada de juventud en sinuosas líneas de expresión, curtiendo la piel de  rugosa experiencia.
Ahora miro la más honda de ellas, le paso el dedo, puedo notar el hueso debajo, siento su dureza, casi me muero de la infección pero aquí estoy.
Agradezco la oportunidad que me brindó de ver la vida con ojos ávidos para disfrutar  la fiesta de la vida.
Aquel olivo centenario, soberbio, majestuoso, de tronco grandilocuente, no habla de entronques del pasado, hachazos de la vida, ramalazos, avatares según que viento sople, y resilencia a prueba de tormentas. No duda cada día en derramar sombra y cobijo, sin importarle las nuevas heridas que le producirá el próximo bareo que se llevará sus frutos. En el veo a la abuela naturaleza que permanece enraizada en sus fundamentos naturales hablándonos de lo que es la vida, color, paisaje, cielo, vivencia.
Cara cortada me amenaza con su semblante desde enfrente, tal vez el lirismo de este escrito le exaspere. Tal vez no soporte mi cara de anonadado cuando escribo. Me libré de mis ataduras, de los puntos que suturaban mi herida, el olvido, la renuncia, el conformismo, la aceptación sangraban por entre mis dedos que intentaban taponar aque sangrado de sinsentido.
Caracortada se acercó a mí.
- ¿Ya has escrito tus últimas voluntades?
No, ¡no!, no podía aceptar que fueran las últimas. Miré la cicatriz que barría su rostro de cualquier gesto de compasión. Era profunda, fea, con ribetes rosados y negruzcos, le partía el entrecejo. ¿Cuál sería su historia?
Con ojos penetrantes de depredador me sostuvo la mirada hasta que disparó.    

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