domingo, 12 de abril de 2020

OPTIMISMO Y ARROGANCIA



Un optimista es un pesimista mal informado. Dicho esto, me doy cuenta de que nada va a cambiar tras este confinamiento que estamos viviendo.

Es como cuando sales de vacaciones con tu coche y pasas ante un accidente en la carretera. Un cuerpo está cubierto con un plástico negro. Durante los siguientes veinte kilómetros circulas con extrema precaución. Pasada la hora simplemente cumples con las normas de circulación. Al día siguiente ya se te ha olvidado aquel plástico negro y posiblemente cojas el coche tras beber una o dos cervezas.

Así es la huella que todo esto va a dejar en nosotros. Porque los héroes que el ser humano ha pretendido emular  toda su vida han tenido dinero, belleza o éxito. O las tres. Piénsalo. Nadie quiere ser Ghandi. Sí, platónicamente, quizá. Pero al final tendemos a irnos hacia el lado contrario. Ahora, en estos días de introspección, pensamos que otro mundo es posible. Realmente la familia es lo importante, decimos, ellos nunca te fallarán. Los amigos. Conocer al vecino. Los pequeños placeres. El día a día. Salir a pasear. Un abrazo.

Reconocemos nuestros pecados en alto y los confesamos sin pudor porque todos estamos cortados por el mismo patrón: dinero, belleza o éxito. Nos identificamos unos a otros. Ahora me doy cuenta de lo importante que es la salud, dice uno. Sí, ahora te das cuenta y, posiblemente, también la última vez que estuviste en un hospital, pero eso no te va a detener a perseguir aquello para lo que te han programado. No hablo de la educación recibida, que también, hablo de los genes que llevamos dentro. Genes que llevan escuchando durante miles de años de evolución la misma melodía: No fracases, haz dinero. No fracases, sé atractivo. No fracases, ten éxito. Hemos crecido con la convicción de que al menos necesitamos una de estas tres variables, si no las tres, o por el contrario tendremos una vida frustrada. Nos sabemos la teoría a la perfección y la recitamos como un mantra, pero nunca seremos capaces de disfrutarla, aunque queramos, porque estamos hechos de otra pasta. De ahí, nuestra constante infelicidad.

Entonces, ¿todo este confinamiento nos hará peores personas? Incorrecto. ¿Mejores personas? Incorrecto. Todo va a seguir exactamente igual.

Y para colmo, somos tan arrogantes que pensamos que estábamos destruyendo el planeta. Ahora que todos los habitantes de la Tierra estamos metidos en nuestras casas y las calles permanecen desiertas, vemos que la polución se está despejando. Los cielos están claros. Los animales salen. El agua de los canales de Venecia se ha vuelto prácticamente cristalina. 

La Tierra nos está diciendo: “Eh, ¿te has fijado? Me he recuperado en unos pocos días de gran parte del daño que me habías causado. ¿Y aún piensas que puedes salvar el planeta? Ni si quiera sabes cuidar de ti mismo, no sabes cuidar del prójimo, ¿y piensas que puedes cuidar de mí; un planeta? Llevo aquí desde hace más de 4.500 millones de años. Vosotros lleváis conmigo unos 200.00 años, y el comienzo de vuestra industria lleva en marcha poco más de 200 años. ¿200 años frente a 4.500 millones y os creéis una amenaza? Para empezar, soy una gran bola azul flotando en mitad del universo, cuando yo diga esto se acaba. He sufrido terremotos, volcanes, movimientos de placas tectónicas, derivas continentales, erupciones solares, tormentas magnéticas, inversión magnética de los polos, cientos de miles de años siendo bombardeada por cometas, asteroides y meteoritos; inundaciones mundiales, maremotos, incendios de millones de hectáreas, erosiones, rayos cósmicos, eras de hielo periódicas, ¿y piensas que algunas bolsas de plástico y latas van a marcar la diferencia?”

No hay nada que hacer. Ni con uno mismo, ni con el resto, ni con el medio en el que vivimos. Todos estamos vendidos. Es el precio que pagamos por participar. Te ha tocado un tablero de juego que no puedes cambiar y unas cartas con las que, como mucho, puedes jugar. Ahora bien, tú decides si apostar alto, pasar o, como finalmente todos haremos, salirte de la partida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Textos para lectura previa de cara a la última clase

TRANSIRAK MR.PERFUMME ¿Quién podría amar a una medio máquina? ¿Quién sería capaz de bucear bajo su gruesa capa de metal? ...